David Livingstone

viernes, 25 de diciembre de 2009

El cuenta que, en Glasgow, después de haber pasado 16 años de su vida en el África, Livingstone fue invitado a pronunciar un discurso ante el cuerpo estudiantil de la universidad. Los alumnos resolvieron mofarse de quien ellos llamaban "camarada misionero", haciendo, el mayor ruido posible para interrumpir su discurso. Cierto testigo del acontecimiento dijo lo siguiente: "A pesar de todo, desde el momento en que Livingstone se presentó delante de ellos, macilento y delgado, como consecuencia de haber sufrido más de treinta fiebres malignas en las selvas del África, y con un brazo apoyado en un cabestrillo, resultado de un encuentro con un león, los alumnos guardaron un gran silencio. Oyeron, con el mayor respeto, todo lo que el orador les relató, y cómo Jesús le había cumplido su promesa: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo."

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DATOS BIOGRAFICOS
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Su nacimiento

David Livingstone nació en Escocia. Su padre, Neil Livingstone, acostumbraba relatar a sus hijos las proezas de 8 generaciones de sus antepasados. Uno de los bisabuelos de David tuvo que huir, con su familia, de los crueles partidarios de los pactos o "covenanters" a los pantanos y montes escabrosos donde podían adorar a Dios en espíritu y en verdad. Pero aun esos cultos que se realizaban entre los
espinos y a veces sobre el hielo, eran interrumpidos de vez en cuando por la caballería, que llegaba galopando para matar o llevarse presos tanto a hombres como a mujeres.

Los padres de David educaron a sus hijos en el temor de Dios. En su hogar siempre reinaba la alegría y servía como modelo ejemplar de todas las virtudes domésticas. No se perdía una sola hora de los siete días de la semana, y el domingo era esperado y honrado como un día de descanso. A la edad de nueve años David se ganó un Nuevo Testamento, como premio ofrecido por repetir de memoria el capítulo más largo de la Biblia, el Salmo 119.

"Entre los recuerdos más sagrados de mi infancia", escribió Livingstone, " están los de la economía de mi madre para que los pocos recursos fuesen suficientes para todos los miembros de la familia. Cuando cumplí diez años de edad, mis padres me colocaron en una fábrica de tejidos para que yo ayudara a sustentar a la familia. Con una parte de mi salario de la primera semana me compré una gramática de latín.".

David iniciaba su día de trabajo en la fábrica de tejidos a las seis de la mañana y, con intervalos para el café y el almuerzo, trabajaba hasta las ocho de la noche. Sujetaba su gramática de latín abierta sobre la máquina de hilar algodón y mientras estaba trabajando, estudiaba línea por línea. A las ocho de la noche, se dirigía sin perder un minuto, a la escuela nocturna. Después de las clases, estudiaba sus lecciones para el día siguiente, a veces quedándose hasta la media noche, cuando su madre tenía que obligarlo a que apagase la luz y se acostase.

La inscripción sobre la lápida de la tumba de los padres de David Livingstone indica las privaciones del hogar paterno:

Para marcar el lugar donde descansan
Neil Livingstone y Agnes Hunter, su esposa y
para expresar a Dios la gratitud de sus hijos:
Juan, David, Janet, Charles y Agnes


por haber tenido padres pobres y piadosos. Los amigos insistieron en que él cambiase las últimas palabras de esa inscripción para que dijese:

"padres pobres, pero Piadosos". Sin embargo, David rehusó aceptar esa sugerencia porque, para él, tanto la pobreza como la piedad eran motivos de gratitud. Siempre consideró que el hecho de haber aprendido a trabajar durante largos días, mes tras mes, año tras año, en la fábrica de algodón, constituyó una de las mayores felicidades de su vida.

En los días feriados, a David le gustaba ir a pescar y a hacer largas excursiones por los campos y por las márgenes de los ríos. Esos extensos paseos le servían tanto de instrucción como de recreo; salía para verificar en la propia naturaleza lo que había estudia en los libros sobre botánica y geología. Sin saberlo, de ese modo se fue preparando, en cuerpo y mente, para las exploraciones científicas y para lo que escribiría con exactitud acerca de la naturaleza del África.

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Su llamado
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A los veinte años se produjo un gran cambio espiritual en la vida de David Livingstone, que determinó el rumbo de todo el resto de su vida. "La bendición divina le inundó todo el ser, como había inundado el corazón de San Pablo o el de San Agustín, y de otros del mismo tipo, dominando sus deseos carnales... Actos de abnegación, muy difíciles de realizar bajo la ley férrea de la conciencia, se
convirtieron en servicio de la voluntad libre bajo el brillo del amor divino. . - Es evidente que a él lo había impulsado una fuerza, pasiva pero tremenda, dentro del propio corazón, hasta el fin de su vida.

El amor que había comenzado a conmoverlo en la casa paterna, continuó inspirándole durante todos los largos y pesados viajes que realizó por el África, y lo llevó a arrodillarse a media noche en el rancho en Ilala, de donde su espíritu, mientras aún oraba, regresó a su Dios y Salvador.

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Sus Comienzos
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Desde su infancia, David había oído hablar de un misionero valiente destacado en la China, cuyo nombre era Gutzlaff. En sus oraciones de la noche, al lado de su madre, oraba también por él. A la edad de dieciséis años, David comenzó a sentir un deseo profundo de que el amor y la gracia de Cristo fuesen conocidos por aquellos que permanecían aún en las densas tinieblas. Por ese motivo, resolvió firmemente en su corazón dar también su vida Como médico y misionero al mismo país. la China.

Al mismo tiempo el maestro de su clase en la Escuela Dominical, David Hogg, lo aconsejó de esta manera: "Ora, muchacho; haz de la religión el motivo principal de tu vida Cotidiana y no una cosa inconstante, si quieres vencer las tentaciones y otras cosas que te quieren derribar." Y David resolvió sinceramente dirigir su vida futura bajo esa norma.

Cuando cumplió nueve años de servicios en la fábrica, fue promovido para un trabajo más lucrativo.

Consiguió completar sus estudios, recibiendo el diploma de licenciado de la Facultad de Medicina y Cirugía de Glasgow, sin recibir de nadie ningún auxilio económico que lo ayudase a completar su carrera. Si los creyentes no lo hubiesen aconsejado a que hablase a la Sociedad Misionera de Londres acerca de enviarlo como misionero, él habría ido por sus propios medios, según declaró más tarde.

Durante todos los años de estudios para llegar a ser médico y misionero, se sintió impelido para ir; a la China. Cierta vez, en una reunión, oyó el discurso de un hombre, de larga barba blanca, alto, robusto y de ojos bondadosos y penetrantes, llamado Robert Moffat. Ese misionero había regresado del África, un país misterioso, cuyo interior era todavía desconocido. Los mapas de ese continente tenían en el centro enormes espacios en blanco, sin ríos y sin sierras. Hablando sobre el África, Moffat dijo al joven David Livingstone: "Hay una vasta planicie al norte, donde he visto en las mañanas de sol, el humo de millares de aldeas, donde ningún misionero ha llegado todavía.".

Conmovido, al oír hablar de tantas aldeas que permanecían todavía sin el evangelio y sabiendo que no podía ir a la China por causa de la guerra que se había desencadenado en aquel país, Livingstone respondió: "Iré inmediatamente para el África.".

Los hermanos de la misión concordaron con esa resolución y David volvió a su humilde hogar de Blatire para despedirse de sus padres y hermanos. A las cinco de la mañana del día 17 de noviembre de 1840, la familia se levantó. David leyó los Salmos 121 y 135 junto con su familia. Las siguientes palabras quedaron impresas en su corazón, y lo fortalecieron para resistir el calor y los peligros durante los largos años que pasó después en el África: "El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche... Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre." Después de orar, se despidió de su madre y de sus hermanas y viajó a pie, junto con su padre que lo acompañó, hasta Glasgow. Después de despedirse uno del otro, David se embarcó en el navío para no volver a ver nunca más, aquí en la tierra, el rostro del noble Neil Livingstone.

El viaje desde Glasgow a Río de Janeiro y luego a Ciudad del Cabo en el África, duró tres meses. Pero David no desperdició su tiempo. El capitán se volvió su amigo íntimo y lo ayudó a preparar los cultos en los que David predicaba a los tripulantes del navío. El nuevo misionero aprovechó también la oportunidad de aprender, a bordo, el uso del sextante y a saber exactamente la posición del barco, observando la luna y las estrellas. Ese conocimiento le fue más tarde de incalculable valor para orientarse en sus viajes de evangelización y exploración en el inmenso interior desconocido, del cual "subía el humo de mil villas sin misionero".

Desde Ciudad del Cabo, el viaje de 190 leguas (1.058 km) lo hizo a tropezones, en un carro de buey, traqueteando a través de campos incultos. El viaje duró dos meses, hasta llegar a Curumá, donde debía esperar el regreso de Robert Moffat. Deseaba establecerse en un lugar que estuviese situado a 50 ó 60 leguas (280 ó 330 km) más al norte de cualquier otro en que existiese ya una obra misionera.

A fin de aprender la lengua y las costumbres del pueblo, nuestro explorador empleaba su tiempo viajando y viviendo entre los indígenas. Su buey de transporte se pasaba la noche amarrado, mientras él se sentaba con los africanos alrededor del fuego, oyendo las leyendas de sus héroes; Livingstone por su parte les contaba las preciosas y verdaderas historias de Belén, de Galilea y de la cruz. Continuó estudiando siempre mientras viajaba, trazando mapas de los ríos y de las sierras del territorio que recorría. En una carta a un amigo suyo le escribió que había descubierto 32 clases de raíces comestibles y 43 especies de árboles y arbustos frutales que se producían en el desierto sin ser cultivados. Desde un punto que alcanzó en esos viajes, le faltaron apenas 10 días de viaje para llegar al gran lago Ngami, que descubrió siete años más tarde.

Desde Curumá, el misionero, licenciado de la Facultad de Medicina y Cirugía de Glasgow, escribió a su padre: "Tengo una clientela bien grande. Hay pacientes aquí que caminan más de 60 (330 km) leguas para recibir tratamiento médico. Esas personas, al regresar, envían otras con el mismo fin.".

Estableció su primera misión en el lindo valle de Mabotsa, en la tierra de Bacatla. En una carta, que escribió desde Curumá, Livingstone se expresó de la siguiente manera sobre el lugar que había escogido para su centro de evangelización: "Está situado en una comunidad de seres que se llama "Mabotsa", que quiere decir "Cena de Bodas". Que Dios nos ilumine con su presencia, para que por intermedio de siervos tan débiles, mucha gente encuentre la entrada para la Cena de las Bodas del Cordero."

Fue en Mabotsa donde tuvo lugar el histórico encuentro con un león. Acerca de ese acontecimiento David escribió lo siguiente: "El saltó y me alcanzó el hombro; ambos rodamos por el suelo. Rugiendo horriblemente cerca de mi oído, me sacudió como un perro lo hubiese hecho con un gato. Los sacudones que me dio el animal, me produjeron un entorpecimiento igual al que debe sentir un ratón, después de la primera sacudida que le da el gato. Me atacó entonces una especie de adormecimiento, y no sentí ningún dolor ni ninguna sensación de temor.".

No obstante, antes de que la fiera tuviese tiempo de matarlo, lo dejó para atacar a otro hombre que con una lanza en la mano había entrado en la lucha. El hombro desgarrado de Livingstone nunca sanó completamente; él nunca más pudo apuntar un rifle o llevarse la mano a la cabeza sin sentir dolores.

Su matrimonio y las misiones Fue en la casa de Robert Moffat, en Curumá, que llegó a conocer a María, la hija mayor de ese misionero. Después de abrir la misión en Mabotsa, los dos se casaron. Seis hijos fueron el fruto de ese enlace.

Después que Livingstone se casó, la Escuela Dominical de Mabotsa se transformó en una escuela diaria, pasando su esposa a ser la maestra. Schele, el jefe de la tribu, se volvió un gran estudiante de la Biblia, pero quería "convertir" a todo su pueblo a fuerza de "litupa", es decir, de látigo de cuero de rinoceronte. El "inició un culto doméstico en su casa, y el propio Livingstone se admiró de su manera sencilla y natural de orar". Era costumbre de Livingstone comenzar el día con un culto doméstico, y no es de admirarse que el jefe la adoptase también.

Livingstone se vio obligado a mudarse para Chonuane, situada a diez leguas, y más tarde, por falta de agua, él y todo el pueblo, para Colobeng. Fue en ese último lugar que el jefe de la tribu construyó una casa para los cultos, y Livingstone construyó, con gran sacrificio de dinero y mucho trabajo, su tercera casa de residencia. En esa casa vivió durante cinco años, y nunca más consiguió fijar residencia en otro lugar de la tierra.

Acerca del trabajo en ése lugar, se expresó así: "Aquí tenemos un campo sumamente difícil de cultivar... Si no confiásemos en que el Espíritu Santo obra en nosotros, desistiríamos en desesperanza.".

A través del desierto de Calari llegaban rumores de un inmenso lago y de un lugar llamado "Humazo Ruidoso", el cual se creía que era una gran catarata de agua. Las sequías lo oprimían tanto en Colobeng, que Livingstone resolvió hacer un viaje de exploración para encontrar un lugar más apropiado para establecer su misión. Así fue como el l de julio de 1849, David Livingstone, junto con el jefe de la tribu, sus "guerreros", tres hombres blancos y su propia familia, salieron para atravesar el gran desierto de Calari. El guía del grupo, Romotobi, conocía el secreto de subsistir en el desierto cavando con las manos y chupando el agua de debajo de la arena mediante una caña sorbedora.

Después de viajar durante muchos días, llegaron al río Zouga. Al preguntarles a los indígenas, ellos les informaron que el río tenía su naciente en una tierra de ríos y bosques. Livingstone quedó convencido de que el interior del África no era un gran desierto, como el mundo de entonces suponía, y su corazón ardía con el deseo de encontrar una vía fluvial, para que otros misioneros pudiesen ir y penetrar el interior del continente con el mensaje de Cristo.

"La perspectiva", escribió él, "de encontrar un rió que diese entrada, a una vasta, populosa y desconocida región, fue creciendo constantemente desde entonces, creció tanto que cuando por fin llegamos al gran lago, ese importante descubrimiento, en sí mismo, nos pareció de poca importancia".

Fue el 1 de agosto de 1849 que el grupo llegó al lago Ngami; era un lago tan grande que desde una orilla no se podía ver la orilla opuesta. Habían sufrido largos días de sed atormentadora sin haber podido obtener una sola gota de agua, pero habían vencido todas las dificultades y habían descubierto ese lago, mientras que otros pretendientes, mucho mejor equipados que ellos pero menos persistentes, habían fallado.

Las noticias de ese descubrimiento fueron comunicadas a la Real Sociedad Geográfica, la cual le concedió una hermosa recompensa de 25 guineas, por haber descubierto una tierra importante, un importante río y un enorme lago".

El grupo tuvo que volver a Colobeng. Sin embargo, algunos meses después, inició un nuevo viaje para el lago Ngami. No quería separarse de su familia y la llevó en un carro tirado por bueyes. Pero al llegar al río Zouga, sus hijos fueron atacados por la fiebre y tuvo que volver con la familia. Le nació una hija, la cual murió luego de fiebre. Con todo, Livingstone permaneció más firme que nunca en su resolución de encontrar un camino para llevar el evangelio al interior del continente africano.

Después de descansar durante algunos meses con su familia en la casa de su suegro en Curumá, salieron con el propósito de encontrar un lugar saludable donde pudiese establecer una misión más al interior. Fue en ese viaje, en junio de 1851, que descubrió el río más grande del África oriental, el Zambeze, río del que el mundo de entonces nunca había oído hablar.En un párrafo que escribió, Livingstone, se descubre algo de lo que habían sufrido durante esos viajes:

"Uno de los ayudantes desperdició el agua que llevábamos en el carro y en la tarde apenas si quedaba un poquito para los niños. Pasamos esa noche muy angustiados, y al día siguiente, a medida que iba disminuyendo más y más el agua, tanto más la sed de los niños iba en aumento. El pensar que fuesen a perecer ante nuestros ojos, nos llenaba de angustia. En la tarde del quinto día sentimos un gran alivio cuando uno de los hombres volvió trayendo tanto de ese precioso líquido, como jamás antes lo
habíamos pensado.

Livingstone, convencido de que era la voluntad de Dios que saliese para establecer otro centro de evangelización, y con una indómita fe de que el Señor supliría todo lo necesario para que se cumpliese su voluntad, avanzaba sin vacilar.

Después de descubrir el río Zambeze, Livingstone vino a saber que los lugares saludables eran lugares sujetos a saqueos inesperados por parte de otras tribus. Solamente en los lugares plagados de enfermedades y azotados por la fiebre era donde se encontraban tribus pacíficas.

Resolvió, por tanto, enviar a su esposa a descansar en Inglaterra, mientras él continuaba sus exploraciones con el fin de establecer un centro para su obra de evangelización. Se veía obligado a establecer tal centro, porque los bóers holandeses invadían el territorio, robando las tierras y el ganado de los indígenas¡ y poniendo en práctica un régimen de la más vil esclavitud. Livingstone enviaba a creyentes fieles para evangelizar a los pueblos que estaban a su alrededor, pero los boérs acabaron con su obra, matando a muchos de los indígenas y destruyendo todos los bienes que el misionero poseía en Colobeng.

Livingstone llevó a su familia para Ciudad del Cabo, desde donde sus seres queridos se embarcaron en un navío con destino a Inglaterra.

Fue en ese tiempo, cuando Dios le proveyó todo lo necesario para que su necesitada familia volviese a Inglaterra, que dijo: "Oh, Amor divino, no te amo con la fuerza, la profundidad y el ardor que convienen."

La separación de su familia le causó profunda pena , pero, de nuevo, dirigió su rostro heroicamente hacia su meta que era ir a socorrer a las desgraciadas tribus del interior del África.

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Un viaje de Exploración
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Había tres motivos para hacer un viaje de exploración: Primero, quería encontrar un lugar donde residir con su familia en medio de los barotses para evangelizarlos. Segundo, la comunicación entre el territorio de los barotses y Ciudad del Cabo era muy demorada y difícil, y por lo tanto, quería descubrir un camino para un puerto más próximo. Tercero, quería hacer todo lo posible para influir a las autoridades contra el horrendo tráfico de esclavos.

Fue en esa época de su vida que Livingstone, debido a sus hazañas, se volvió mundialmente conocido.

En su fervor, deseando que Dios le conservase la vida y lo usase como medio para que el evangelio penetrase en el continente africano, Livingstone oró así: "Oh Jesús, te ruego que ahora me llenes de tu amor y me aceptes y me uses un poco para tu gloria. Hasta ahora no he hecho nada por ti, pero quiero hacer algo. Oh Dios, te imploro que me aceptes y me uses, y que sea tuya toda la gloria." Además, escribió lo siguiente: "No tendría ningún valor nada de lo que poseo o llegare a poseer, si no tuviese relación con el reino de Cristo. Si algo de lo que poseo, puede servir para tu reino, te lo daré a ti, a quien debo todo en este mundo y en la eternidad."

Livingstone atravesó, ida y vuelta, el continente africano, desde la desembocadura del río Zambeze hasta San Pablo de Luanda, siendo él el primer blanco en realizar semejante hazaña. En sus memorias,que escribía diariamente, se nota cómo él admiraba los lindos paisajes de un país que el mundo consideraba como un vasto desierto, pues lo desconocía por completo.

Llegó a Luanda flaco y enfermo. A pesar de la insistencia del cónsul británico para que regresase a Inglaterra, a fin de recuperar la salud quebrantada, él volvió nuevamente por otro camino, para llevar a sus fieles compañeros hasta su casas conforme les había prometido antes de iniciar el viaje.

En ese viaje, Livingstone descubrió las magníficas cataratas de Victoria, nombre que él dio a esas grandes caídas de agua en honor de la reina de Inglaterra. En ese lugar el río Zambeze tiene un ancho de más de un kilómetro; allí las aguas de ese gran río se precipitan espectacularmente desde una altura de cien metros.
Continuó predicando el evangelio constantemente, a veces a auditorios de más de mil naturales del país.

Sobre todo, se esforzaba en ganar la estimación de las tribus hostiles por donde pasaba, con su conducta cristiana que era un gran contraste con la de los mercaderes de esclavos.

En un período, de siete meses estando acompañado sólo de sus fieles macololos, cayó con fiebre en la selva treinta y una veces. Pero no era sólo el sufrimiento físico lo que lo afligía. Sus cartas revelan su angustia moral, al ver los horrores del pueblo africano masacrado y arrebatado de sus hogares, conducido como ganado para ser vendido, en el mercado. Desde un lugar alto a donde subió contó diecisiete aldeas en, llamas, incendiadas por esos nefandos mercaderes de seres humanos. Prometió a su esposa que se reuniría con su familia después de dos años, pero, ¡transcurrieron cuatro años y medio antes que ella recibiese alguna noticia de él!.

Regreso a casa Por fin, después de una ausencia de diecisiete años de su patria, regresó a Inglaterra. Volvió a la civilización y a reunirse con su familia, como quien vuelve de la muerte. Antes de desembarcar supo que su querido padre había fallecido. En toda la historia de David Livingstone, no se cuenta un acontecimiento más conmovedor que su encuentro con su esposa y sus hijos. En Inglaterra fue aclamado y honrado como un heroico descubridor y gran benefactor de la humanidad. Los diarios publicaban todos sus actos de valentía. Las multitudes afluían para oírlo contar su historia. "El doctor Livingstone era muy humilde... No le gustaba andar por la calle, por temor a ser atropellado por las multitudes. Cierto día, en la calle Regent en Londres, fue apretado por una multitud tan grande, que sólo con gran dificultad logró refugiarse en un coche. Por la misma razón evitaba ir a los cultos. Cierta vez, deseoso de asistir al culto, mi padre lo persuadió a ocupar un asiento debajo de la galería, en un lugar no visible para el auditorio. Pero fue descubierto y la gente pasó por encima de los bancos para rodearlo y estrecharle la mano." Una de las muchas cosas que llevó a efecto, mientras permaneció en Inglaterra, fue la de escribir su libro: Viajes misioneros, obra que alcanzó una enorme circulación, y produjo más interés sobre la cuestión africana que, cualquier otro acontecimiento anterior.

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Regreso a Africa
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En el mes de marzo de 1858, a la edad de 46 años, Livingstone, acompañado de su esposa y el hijo menor Osvaldo, se embarcaron nuevamente para el África. Dejando a los dos en casa de su suegro, el misionero Moffat, Livingstone continuó sus viajes. En el año siguiente descubrió el lago Nyasa. Recibió también una carta de su esposa desde la casa de los padres de ella, en Curumá, informándole el nacimiento de una nueva hija... ¡Hacía casi un año! Sólo entonces pudo su padre conocer el
acontecimiento.

Realizó exploración de los ríos Zambeze, Téte y Shiré, y la del lago Nyasa, con el propósito de saber cuáles eran los puntos más estratégicos para la evangelización, y luego enviaron misioneros desde Inglaterra para que ocupasen esos lugares.

En 1862 su esposa se reunió con él, de nuevo, y lo acompañó en sus viajes; pero tres meses después falleció víctima de la fiebre, y fue enterrada en una ladera verdeante en las márgenes del río Zambeze.

En su diario, Livingstone escribió al respecto de esta manera: "La lloré, porque merece mis lágrimas la amé cuando nos casamos y cuanto más tiempo vivíamos juntos, tanto más la amaba. Que Dios tenga piedad de nuestros hijos. . .".

Uno de los mayores obstáculos que Livingstone enfrentó en su obra misionera, fue el terror de los indígenas al ver un rostro de hombre blanco. Las aldeas enteras en ruinas; fugitivos escondiéndose en los campos de hierba alta, sin tener nada para comer; centenares de esqueletos y cadáveres insepultos; caravanas de hombres y mujeres espesados a los troncos asegurados al cuello, eran conducidos a los puertos - es difícil concebir la magnitud de la desolación creada por los hombres crueles que participaban del tráfico de la esclavitud.

Esos hombres procuraban también, con odio cruel y arte diabólica, acabar con la obra. de Livingstone.

Finalmente consiguieron por medio de la política de su país, inducir a Inglaterra a que lo llamase de regreso a su tierra. Fue así como Livingstone llegó de nuevo a su patria, después de una ausencia de cerca de ocho años.

Los creyentes y amigos de Inglaterra, animados por la visión de Livingstone, comenzaron a orar y a enviarle dinero para que continuase su obra en el continente negro. Y nuestro héroe desembarcó por tercera y última vez en el África, en Zanzíbar.

En la expedición que inició en Zanzíbar, descubrió los lagos Tanganyka (1867), Mocro (1867) y Bangüeolo (1868). Pasó cinco largos años explorando las cuencas de esos lagos. La constante oración y el pan de la Palabra de Dios fueron su sustento espiritual durante todos esos años de prueba que sufrió debido a las crueldades de los negociantes de esclavos.

Resolvió entonces, hacer todo lo posible para descubrir la cabecera del río Nilo y resolver un problema que durante millares de años se había burlado de los geógrafos. Sabía que si descubriese el nacimiento del famoso Nilo, el mundo le daría oídos acerca de la llaga abierta que tenía el África con el comercio de los esclavos. Es interesante conocer lo que él escribió: "El mundo cree que yo busco fama; sin embargo, yo tengo una regla, es decir, no leo nada sobre los elogios que me hacen." El sabía que al acabarse la esclavitud, el continente se abriría para dejar entrar el evangelio.

Durante los largos intervalos que había entre los períodos en que sus cartas eran recibidas en Inglaterra, llegadas desde el corazón del África, circularon rumores de que Livingstone había muerto.

No eran solamente los hombres que traficaban con esclavos, los que querían matarlo, sino también muchos de los propios naturales, que no creían que existiese un hombre blanco que fuese amigo de verdad. El mismo contó muchos hechos relacionados con las celadas que le prepararon en la tierra de Maniuema para matarlo. En ese lugar él escribió en su diario lo siguiente: "Leí toda la Biblia cuatro veces mientras estuve en Maniuema." En la soledad encontró un gran alivio en las Escrituras.

Reconocía siempre la posibilidad de perecer en manos de los enemigos, pero siempre respondía así a la insistencia de los amigos: "¿No puede el amor de Cristo constreñir al misionero a que vaya adonde el comercio ilegal lleva al mercader de esclavos?.

Por primera vez, en los millares de leguas que caminó, los pies del explorador le fallaron. Obligado a quedarse por algún tiempo en una cabaña, todos sus compañeros lo abandonaron, con excepción de tres que se quedaron con él.

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Su Enfermedad y su Muerte
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Por fin, llegó a Ujiji, reducido a piel y huesos, por causa de la grave enfermedad que sufrió en Maniuema. No había recibido cartas desde hacía dos años y esperaba recibir también las provisiones que había enviado para allá. Sin embargo, las cartas no habían llegado, entonces, con el cuerpo enflaquecido y carente de ropas y de alimentos, vino a saber que le habían robado todo. En esa situación él escribió: "En mi pobreza me sentí como el hombre que, descendiendo de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de ladrones. No tenía esperanza de que un sacerdote, un levita o un buen samaritano viniese en mi auxilio. Sin embargo, cuando mí alma estaba más abatida, el buen samaritano ya se hallaba muy cerca de mí.".

El "buen samaritano" era Henry Stanley, enviado por el diario New York Herald, a insistencia de muchos millares de lectores de ese periódico, para saber con seguridad si Livingstone todavía vivía o, en el caso de que hubiese muerto, para que su cuerpo fuese devuelto a su patria.

Stanley pasó el invierno con Livingstone, quien se negó a ceder a la insistencia de volver a Inglaterra.

Podía volver y descansar entre amigos con toda comodidad, pero prefirió quedarse y realizar su anhelo de abrir el continente africano al evangelio.

Realizó su último viaje con el propósito de explorar el Luapula, para, verificar si ese río era el origen del Nilo o del Congo. En esa región llovía incesantemente. Livingstone sufría dolores atroces; día tras día se le iba volviendo más y más difícil caminar. Fue entonces que tuvo que ser cargado por vez primera, por sus fieles compañeros: Susi, Chuman y Jacó Wainwright, todos indígenas.

En su diario, las últimas notas que escribió, dicen lo siguiente: "Cansadísimo, estoy... recuperada la salud... Estamos en las márgenes del Mililamo.".

Llegaron a la aldea de Chitambo, en Ilala, donde Susi hizo una cabaña para él. En esa cabaña, el 1' de mayo de 1873, el fiel Susi encontró a su bondadoso maestro, de rodillas, al lado de su cama muerto.

¡Oró mientras vivió y partió de este mundo orando!

Sus dos fieles compañeros, Susi y Chuman, enterraron el corazón de Livingstone debajo de un árbol en Chitambo, secaron y embalsamaron el cuerpo y lo llevaron hasta la costa - viaje que duró varios meses, a través del territorio de varias tribus hostiles. El sacrificio de esos valientes hijos del África sin que tuvieran ningún propósito de recibir remuneración económica alguna, no será olvidado por Dios, ni por el mundo.

El cuerpo después que hubo llegado a Zanzíbar, fue transportado para Inglaterra, donde fue sepultado en la Abadía de Westminster, entre los monumentos de los reyes y héroes de aquella nación. No había dudas con respecto al cuerpo de Livingstone; era fácil de identificarlo; el hueso por encima del brazo izquierdo tenía bien patentes las marcas de los dientes del león que lo atacara años atrás.

Entre los que asistieron a su entierro, se encontraban sus hijos y el viejo misionero Robert Moffat, padre de su querida esposa. La multitud estaba compuesta tanto de un pueblo humilde, que lo amaba, como de los grandes, que lo honraban y respetaban.

Se cuenta que entre la multitud que permanecía en las aceras de las calles de Londres, el día en que el cortejo que llevaba el cuerpo de David Livingstone pasó, había un viejo llorando amargamente. Al preguntarle por qué lloraba,- respondió: "Es porque Davidcito y yo nacimos en la misma aldea, cursamos el mismo colegio y asistimos a la misma escuela dominical; trabajamos en la misma máquina de hilar, pero, Davidcito se fue por aquel camino y yo por éste. Ahora él es honrado por la nación, mientras que yo soy despreciado, desconocido y deshonrado. El único futuro para mí es el entierro del borracho."

No es solamente el ambiente, sino las preferencias de nuestra juventud lo que determina nuestro destino, no solamente aquí en este mundo, sino para toda la eternidad.

Cuando Livingstone hablaba a los alumnos de la Universidad de Cambridge, en 1857, dijo lo siguiente:

"Por mi parte, nunca ceso de regocijarme porque Dios me haya designado para tal oficio. El pueblo habla del sacrificio que yo he hecho en pasarme tan gran parte de mi vida en el África. ¿Es sacrificio pagar una pequeña parte de la deuda, deuda que nunca podremos liquidar, y que debemos a nuestro Dios? ¿Es sacrificio aquello que trae la bendita recompensa de la salud, el conocimiento de practicar el bien, la paz del espíritu y la viva esperanza de un glorioso destino? ¡No hay tal cosa! Y lo digo con énfasis: No es sacrificio... Nunca hice un sacrificio. No debemos hablar de sacrificio, si recordamos el gran sacrificio que hizo Aquel que descendió del trono de su Padre, de allá de las alturas, para entregarse por nosotros.".

Si Livingstone no se hubiese enfermado, habría descubierto la cabecera del Nilo. Durante los treinta años que pasó en el Africa, nunca se olvidó del propósito que tenía de llevar a Cristo a los pueblos de ese obscuro continente. Todos los viajes que realizó, eran viajes misioneros.

Grabadas en su tumba se pueden leer estas palabras: "El corazón de Livingstone permanece en el África, su cuerpo descansa en Inglaterra, pero su influencia continúa.".

Pero grabadas en la historia de la iglesia de Cristo están los grandes éxitos alcanzados en el África durante un período de más de 75 años después de su muerte, éxitos inspirados en gran parte, por las oraciones y por la gran persistencia de ese gran siervo que fue fiel hasta la muerte.
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Martín Lutero

DATOS BIOGRAFICOS
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Nació en Eisleben, Alemania. Era una época oscura para la Iglesia verdadera. Cerca de un millón de albigenses habían muerto en Francia por orden del Papa. Su delito era tratar de vivir de acuerdo a la Palabra de Dios. Juan Huss había muerto en la hoguera en Bohemia suplicando por sus perseguidores.

La misma suerte correría Jerónimo de Praga, su discípulo, quien muere en las llamas cantando himnos hasta su último suspiro. Juan Wessel, notable predicador de Erfurt, muere en la cárcel por predicar que la salvación se obtiene por gracia. Savonarola, predicador y fiel siervo de Dios es reducido a cenizas en Italia por orden de la Iglesia.

Martín Lutero nace de una familia pobre. El solía decir "mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo fueron verdaderos campesinos". Su padre era minero, y su madre además de los quehaceres del hogar acarreaba leña desde el bosque.

Su madre le enseño la religión católica tal como era observada en aquellos tiempos. Su imagen de Dios era la de un Juez colérico enfurecido con los hombres a quien era muy difícil de obedecer. El castigo del infierno era tan real para él y tan terrible que temblaba al pensar en ellos.

Su padre lo mandó a estudiar a Magdeburgo y después a Einsenach en donde tuvo que pedir limosna para subsistir cantando canciones como lo hacían la mayoría de los estudiantes. Su suerte cambió cuando Doña Úrsula Cota lo recibe en su casa atraída por su humildad y devoción. En su casa recibe el trato de hijo y esto le ayuda para adelantar de manera significativa sus estudios. Doña Úrsula dijo a la hora de su muerte que su hogar había sido grandemente bendecido con la llegada de Lutero.

Un tiempo después su padre había prosperado algo, trabajando en la fundición de cobre y había sido nombrado concejal de su ciudad. Su padre tenía puestas las ilusiones en Martín deseando que estudiara y se convirtiera en un abogado de renombre. Por esto lo envía a Erfurt, en donde Martín a los 21 años obtiene el título de doctor en filosofía.

Sin embargo, el alma de Lutero se encuentra muy intranquila e incidentes que ocurren lo hacen pensar en su situación espiritual. Durante sus estudios enferma gravemente y tiempo después recibe dos golpes de espada en uno de sus viajes. Uno de sus amigos íntimos de la universidad muere asesinado y entonces Lutero exclama "¿Que haría yo si fuese llamado a la otra vida de una manera tan repentina?". Esta situación culmina cuando en una tormenta eléctrica durante un viaje, cae un rayo cerca de él y en su terror hace un voto a Santa Ana para hacerse monje. Entonces entra al convento de los agustinos a pesar de la protesta de sus amigos de la universidad y la decepción de su padre.

A pesar de su continua búsqueda de la paz para su alma a través de ayunos, sacrificios etc. No consigue lo que tanto anhela. Algunos monjes le hacen ver que Dios no solo juzga sino perdona pero Lutero no puede creer que Dios le puede perdonar puesto que el no puede amar a Dios.

Se dedica a la lectura de la Biblia. Tiempo después es nombrado sacerdote y obtiene el grado de bachiller en Biblia. A los veinticinco años de edad es enviado a Wittenberg como maestro de filosofía.

Ya entonces destaca como notable predicador. Un punto culminante de su vida es cuando se le envía a Roma. Su corazón alegre al estar en la santa ciudad se entrega a efectuar las peregrinaciones acostumbradas y visitar los lugares sagrados. Sin embargo termina horrorizado al ver la corrupción generalizada que se vivía en Roma.

Tiempo después obtiene el título de doctor en teología. Además adelanta mucho en cuanto al reconocimiento de su capacidad y devoción. Es entonces cuando halla la tan ansiada paz de su alma al apropiarse de las palabras del apóstol Pablo: "Mas el justo por la fe vivirá". Encuentra un gozo indescriptible y más decidido que nunca se dedica a la enseñanza y predicación de las escrituras.

El mes de octubre de 1517 pega en la puerta de la iglesia de Wittenberg las 95 tesis contra el valor de la indulgencias. En este documento proclama que el hombre es salvado por Dios de manera gratuita por la fe en su Hijo Jesucristo. A pesar de no tener previsto que su proposición tendría mucho efecto, esta inunda Europa y poco tiempo después hace temblar los cimientos de Roma.

Al realizarse algunos debates con autoridades reconocidas de la época como el doctor Juan Eck, se notó que la ideas que exponía Lutero no eran simples diferencias de doctrinas sino que removían los cimientos en los cuales se basaba la iglesia católica para afirmar su derecho de gobernar las almas y cuerpos del mundo entero.

Además sacaban a la luz verdades tan importantes que hacían la diferencia entre un cristiano y un pagano o apóstata.. Las consecuencias de esto sería el reconocimiento de la verdad divina expresada en las escrituras.

Lutero fue excomulgado por el Papa León X y el emperador Carlos V le impuso un edicto de pena de muerte el cual nunca llegó a cumplirse por la protección de Dios y la ayuda de algunos amigos como el elector Federico de Sajonia.

Escribió aproximadamente 180 libros. Tradujo la Biblia al alemán. Y como predicador destacó notablemente. En Zwiekau predicó a un auditorio de 25 mil personas. Se casó con Catalina de Bora a quien amaba profundamente. Tuvo tres hijos.

A los sesenta y dos años predicó su último sermón sobre el texto: "Escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños". Ese mismo día le escribió a su querida esposa Catalina:

"Echa tu carga sobre el Señor, y el te sustentará. Amén.

Sus últimas palabras fueron: "voy a entregar mi espíritu". Luego alabó a Dios en voz alta: "¡Oh, mi Padre Celestial! Dios mío, Padre de nuestro Señor Jesucristo, en quien creo, a quien prediqué y a quien confesé, amé y alabé… Oh, mi querido Señor Jesucristo, a ti encomiendo mi pobre alma. ¡Oh, mi Padre Celestial! En breve tiempo tengo que abandonar este cuerpo, pero sé que permaneceré eternamente contigo y ¡que nadie podrá arrebatarme de tus manos!" Luego después de recitar tres veces Juan 3:16 dijo: "Padre, en tus manos entrego mi espíritu, pues tu me rescataste, Dios fiel", entonces cerró los ojos y durmió.

Fue sepultado en la iglesia de Wittenberg en donde había predicado durante tantos años. Su amigo Felipe Melancton y el pastor Bugenhagen, pronunciaron sendos discursos.
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Enrique Martyn

DATOS BIOGRAFICOS
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Enrique Martyn
Luz usada enteramente por Dios
1781 - 1812

Arrodillado en una playa de la India, Enrique Martyn derramaba su alma ante el Maestro y oraba:

Amado Señor, yo también andaba en el país lejano; mi vida ardía en el pecado....quisiste que yo regresase, ya no más un tizón para extender la destrucción, sino una antorcha que resplandezca por ti (Zacarías 3:2) ¡Heme aquí entre las tinieblas más densas, salvajes y opresivas del paganismo. Ahora, Señor quiero arder hasta consumirme enteramente por ti!.

El intenso ardor de aquel día siempre motivó la vida de ese joven. Se dice que su nombre es: “el nombre más heroico que adorna la historia de la Iglesia de Inglaterra, desde los tiempos de la reina Isabel”. Sin embargo, aun entre sus compatriotas, él no es muy conocido.

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SU VIDA
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Henry Martyn (febrero 18vo, 1781-octubre 16, 1812) fue un sacerdote anglicano y misionero a los pueblos de la India y Persia. Nacido en Truro, Cornwall, fue educado en Truro Grammar School y St. John's College, Cambridge.

Martyn nació en Truro, Cornwall. His father, John Martyn, was a "captain" or mine-agent at Gwennap . Su padre, John Martyn, fue un "capitán" o la mía-agente en Gwennap. As a boy, he was educated at Truro grammar school under Dr Cardew and he entered St John's College, Cambridge , in the autumn of 1797, and was senior wrangler and first Smith's prizeman in 1801. Cuando era niño, fue educado en la escuela primaria Truro con el Dr. Cardew y entró en St John's College, Cambridge, en el otoño de 1797, y fue senior wrangler y premio Smith.El primera en 1801. In 1802, he was chosen as a fellow of his college. [ 2 ] En 1802, fue elegido como miembro de su universidad.

Martyn llegó a la India en abril de 1806, donde predicó y se ocupó en el estudio de la lingüística. Tradujo el conjunto del Nuevo Testamento en urdu, persa y judeo-Persic. También tradujo los Salmos en persa y el Libro de Oración Común en urdu. De la India, partió para Bushehr, Shiraz, Isfahan y Tabriz.

Martyn se apoderó de la fiebre, y, aunque la peste hacía estragos en Tokat, se vio obligado a parar allí, no puede continuar. El 16 de octubre 1812 se murió. Era recordado por su coraje, abnegación y su devoción religiosa. En algunas partes de la Comunión Anglicana que se celebra con el Festival de Menores, el 19 de octubre.

Su padre era de físico endeble. Después que él murió, los cuatro hijos, incluyendo Enrique, no tardaron en contraer la misma enfermedad de su padre, la tuberculosis. Con la muerte de su padre, Enrique perdió el intenso interés que tenía por las matemáticas y más bien se interesó grandemente en la lectura de la Biblia. Se graduó con honores más altos de todos los de su clase. Sin embargo, el Espíritu Santo habló a su alma: “Buscas grandes cosas para ti, pues no las busques.” Acerca de sus estudios testificó: “Alcancé lo más grande que anhelaba, pero luego me desilusioné al ver que sólo había conseguido una sombra.”.

Tenía por costumbre levantarse de madrugada y salir a caminar solo por los campos para gozar de la comunión íntima con Dios. El resultado fue que abandonó para siempre sus planes de ser abogado, un plan que todavía seguía porque “no podía consentir en ser pobre por el amor de Cristo”.

Al escuchar un sermón sobre “El estado perdido de los paganos”, resolvió entregarse a la vida misionera. Al conocer la vida abnegada del misionero Guillermo Carey, dedicaba a su gran obra en la India, se sintió guiado a trabajar en el mismo país.

El deseo de llevar el mensaje de salvación a los pueblos que no conocían a Cristo, se convirtió en un fuego inextinguible en su alma después que leyó la biografía de David Brainerd, quien murió siendo aún muy joven, a la edad de veintinueve años. Brainerd consumió toda su vida en el servicio del amor intenso que profesaba a los pieles rojas de la América del Norte. Enrique Martín se dio cuenta de que, como David Brainerd, él también disponía de poco tiempo de vida para llevar a cabo su obra, y se encendió en él la misma pasión de gastarse enteramente por Cristo en el breve espacio de tiempo que le restaba. Sus sermones no consistían en palabras de sabiduría humana, sino que siempre se dirigía a la gente, como “un moribundo, predicando a los moribundos”.

A Enrique Martyn se le presentó un gran problema cuando la madre de su novia, Lidia Grenfel, no consentía en el casamiento porque él deseaba llevar a su esposa al extranjero. Enrique amaba a Lidia y su mayor deseo terrenal era establecer un hogar y trabajar junto con ella en la mies del Señor. Acerca de esto él escribió en su diario lo siguiente: “Estuve orando durante hora y media, luchando contra lo que me ataba...Cada vez que estaba a punto de ganar la victoria, mi corazón regresaba a su ídolo y, finalmente, me acosté sintiendo una gran pena.”

Entonces se acordó de David Brainerd, el cual se negaba a si mismo todas la comodidades de la civilización, caminaba grandes distancias solo en la floresta, pasaba días sin comer, y después de esforzarse así durante cinco años volvió, tuberculoso, para fallecer en los brazos de su novia, Jerusha, hija de Jonatán Edwards.

Por fin que Enrique Martyn también ganó la victoria, obedeciendo al llamado a sacrificarse por la salvación de los perdidos. Al embarcarse, en 1805, para la India, escribió: “Si vivo o muero, que Cristo sea glorificado por la cosecha de multitudes para EL”.

A bordo del navío, al alejarse de su patria, Enrique Martyn lloró como un niño. No obstante, nada ni nadie podían desviarlo de su firme propósito de seguir la dirección divina. El también era un tizón arrebatado del fuego, por eso repetidamente decía: “Que yo sea una llama de fuego en el servicio divino.”.

Después de una travesía de nueve largos meses a bordo y cuando ya se encontraba cerca de su destino, pasó un día entero en ayuno y oración. Sentía cuán grande era el sacrificio de la cruz y cómo era igualmente grande su responsabilidad para con los perdidos en la idolatría que sumaban multitudes en la India. Siempre repetía: Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra” (Isaías 62:6,7).

La llegada de Enrique Martyn a la India, en el mes de abril de 1806, fue también en respuesta a la oración de otros. La necesidad era tan grande en ese país, que los pocos obreros que habían allí se pusieron de acuerdo en reunirse en Calcuta de ocho en ocho días, para pedir a Dios que enviase un hombre lleno del Espíritu Santo y de poder a la India. Al desembarcar Martyn, fue recibido alegremente por ellos, como la respuesta a sus oraciones.

Es difícil imaginar el horror de la tinieblas en que vivía ese pueblo, entre el cual fue Martyn a vivir. Un día, cerca del lugar donde se hospedaba, oyó una música y vio el humo de una pira fúnebre, acerca de las cuales había oído hablar antes de salir de Inglaterra. Las llamas ya comenzaban a subir del lugar donde la viuda se encontraba sentada al lado del cadáver de su marido muerto. Martyn, indignado, se esforzó pero no pudo conseguir salvar a la pobre víctima.

En otra ocasión fue atraído por el sonido de címbalos a un lugar donde la gente rendía culto a los demonios. Los adoradores se postraban ante un ídolo, obra de sus propias manos, ¡al que adoraban y temían! Martyn se sentía “realmente en la vecindad del infierno”.

Rodeado de tales escenas, él se esforzaba más y más, incansablemente, día tras día en aprender la lengua. No se desanimaba con la falta de fruto de su predicación, porque consideraba que era mucho más importante traducir las Escrituras y colocarlas en las manos del pueblo. Con esa meta fija en su mente perseveraba en la obra de la traducción, perfeccionándola cuidadosamente, poco a poco, y deteniéndose de vez en cuando para pedir el auxilio de Dios.

Cómo ardía su alma en el firme propósito de dar la Biblia al pueblo, se ve en uno de sus sermones, conservado en el Museo Británico, y que copiamos a continuación “Pensé en la situación triste del moribundo, que tan sólo conoce bastante de la eternidad como para temer a la muerte, pero no conoce bastante del Salvador como para vislumbrar el futuro con esperanza. No puede pedir una Biblia para aprender algo en que afirmarse, ni puede pedir a la esposa o al hijo que le lean un capítulo para consolarlo. ¡La Biblia, ah, es un tesoro que ellos nunca poseyeron!.

Vosotros que tenéis un corazón para sentir la miseria del prójimo nosotros que sabéis cómo la agonía del espíritu es más cruel que cualquier sufrimiento del cuerpo, vosotros que sabéis que está próximo el día en que tendréis que morir. ¡OH, dadles aquello que será un consuelo a la hora de la muerte!”.

Para alcanzar ese objetivo, de dar las Escrituras a los pueblos de la India y de Persia, Martyn se dedicó a la traducción de día y de noche, en sus horas de descanso y mientras viajaba. No disminuía su marcha ni cuando el termómetro registraba el intenso calor de 50º, ni cuando sufría de fiebre intermitente, ni debido a la gravedad de la peste blanca que ardía en su pecho.

Igual que David Brainerd, cuya biografía siempre sirvió para inspirarlo, Enrique Martyn pasó días enteros en intercesión y comunión con su “amado, su querido Jesús”. “Parece”, escribió él, “que puedo orar cuanto quiera sin cansarme. Cuán dulce es andar con Jesús y morir por EL...” Para él la oración no era una mera formalidad, sino el medio de alcanzar la paz y el poder de los cielos, el medio seguro de quebrantar a los endurecidos de corazón y vencer a los adversarios.

Seis años y medio después de haber desembarcado en la India, a la edad de 31 años, cuando emprendía un largo viaje, falleció. Separado de los hermanos, del resto de la familia, rodeado de perseguidores, y su novia esperándolo en Inglaterra, fue enterrado en un lugar desconocido.

¡Fue muy grande el ánimo, la perseverancia, el amor y la dedicación con que trabajó en la mies de su Señor! Su celo ardió hasta consumirlo en ese corto espacio de seis años y medio. Nos es imposible apreciar cuán grande fue la obra que realizó en tan pocos años. Además de predicar, logró traducir parte de las Sagradas Escrituras a las lenguas de una cuarta parte de todos los habitantes del mundo.

El Nuevo Testamento en indí, indostaní y persa, y los evangelios en judaico-persa son solamente una parte de sus obras.

Cuatro años después de su muerte nació Fidelia Fiske en la tranquilidad de Nueva Inglaterra. Cuando todavía estudiaba en la escuela, leyó la biografía de Enrique Martyn. Anduvo cuarenta y cinco kilómetros de noche, bajo violenta tempestad de nieve, para pedir a su madre que la dejase ir a predicar el evangelio a las mujeres y les habló del amor de Jesús, hasta que el avivamiento en Oroomiah se convirtió en otro Pentecostés.

Si Enrique Martyn, que entregó todo para el servicio del Rey de reyes, pudiese hoy visitar la India y Persia, cuán grande sería la obra que encontraría, obra realizada por tan gran número de fieles hijos de Dios, en los cuales ardió el mismo fuego encendido por la lectura de la biografía de ese precursor.
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Don Francisco

jueves, 24 de diciembre de 2009

Don Francisco (Talca, 28 de diciembre de 1940) es el nombre artístico de Mario Luis Kreutzberger Blumenfeld un presentador de televisión chileno.

Es uno de los personajes más populares en el mundo de los medios de comunicación de habla hispana, fama adquirida gracias a su programa Sábado Gigante, transmitido en 44 países del mundo. Artífice de cruzadas solidarias, su máximo logro es ser el creador en Chile de Teletón, una campaña de beneficencia destinada a los niños discapacitados y que además fue imitada en otros países latinoamericanos.


DATOS BIOGRAFICOS
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Hijo de Erick Kreutzberger y Anna Blumenfeld Neufeld, ambos judíos de Alemania que huían de la persecución Nazi antes de la Segunda Guerra Mundial.

Su padre, tras su nacimiento, decidió emigrar desde Talca a Santiago y continuar con su próspero negocio de sastrería. Mientras cursaba su educación primaria en el Liceo Comunal de Ñuñoa, y con un carácter muy tímido en ese entonces, dejó sus estudios por un breve período y se dedicó a trabajar en el negocio de su padre. Al volver, con un carácter más fuerte y desarrollado, llegó hasta ser presidente de su curso.

En el segundo año de la enseñanza secundaria, deja el colegio para dedicarse a vender ropa en provincias. Sin embargo, su cualidades histriónicas -heredadas de su madre- lo llevan a animar eventos en sus ratos libres, llegando a actuar en el Club Israelita Macabbi, del cual era miembro. En este lugar nace el personaje que, con el tiempo, se convertiría en Don Francisco y es donde conoce a Teresa Muchnick, con quien se casaría y tendría tres hijos; Patricio (ingeniero comercial, casado con Andrea Berdichevsky), Vivian (conductora de televisión, casada con Robert Wilkins) y Francisco (comunicador audiovisual).

Tras viajar a Estados Unidos por un año a estudiar Corte y Confección de Vestuario, a los 21 años decide que la televisión sería su carrera. En ese entonces, este medio de comunicación recién comenzaba sus transmisiones en Chile, y su desarrollo se produjo sólo tras la realización en el país de la Copa Mundial de Fútbol de 1962. Y aunque el riesgo en ese entonces era alto, la fascinación que la televisión estadounidense había causado en él era más grande.

Con el apoyo de su madre, pasa un año esperando fuera de la oficina de Eduardo Tironi -director ejecutivo de la cadena de televisión chilena Canal 13 en 1962- para hablar de sus proyectos, hasta que éste le brinda una oportunidad de trabajo.

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Carrera Profesional
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Sábado Gigante
Una vez dentro del mundo de la televisión, su primera labor fue conducir Show Dominical, el que estuvo al aire menos de un mes, tras lo cual fue despedido. El reclamo del público -que ya lo hacía su favorito- hizo que lo recontrataran, dando paso a la conducción de un show de variedades, concursos, entrevistas y humor.

El 03 de abril de 1965, el programa conserva su formato pero cambia su nombre a Sábados Alegres. El éxito fue absoluto, a tal punto que dio origen a un show estelar de una hora de duración, bautizado como Sábados Gigantes. Recién en 1968, ambos programas se fusionan, conservando el nombre que se conoce hasta hoy.

En un comienzo, los medios de comunicación chilenos críticaron masivamente al animador, acusándolo de no ser profesional y de burlarse de los concursantes y público de su programa. Así, decide innovar en la tradicional forma de producir programas de ese entonces, y contrata periodistas que lo asesoran en el contenido de su programa.

Pese a las críticas, el programa era un éxito de audiencia en Chile. Transmitido en directo, en los años 1970 y 1980 el programa obtenía cerca del ochenta por ciento de sintonía, y era la compañía obligada para las familias chilenas durante las tardes de sábado.

Don Francisco en un evento realizado en Canal 13, estación televisiva chilena donde ha permanecido durante toda su carrera.En su época de mayor éxito -a comienzos de la década de 1980-, Sábados Gigantes dio paso a la realización de un nuevo programa, con formato late show y conducido por Don Francisco; Noche de Gigantes, que fue transmitido en Chile desde 1980 hasta 1987 y en los Estados Unidos desde 1988 hasta 1993.

Producto del éxito indiscutido del programa en Chile, Don Francisco inició un desafío aun mayor, al decidir la internacionalización de su programa. Joaquín Blaya, en ese entonces máximo ejecutivo de la cadena Spanish International Network (SIN) (actualmente Univisión) le da la oportunidad de ingresar a la televisión hispana de Estados Unidos, y en abril de 1986 se transmite el primer Sábado gigante para el público latino de Estados Unidos. En un comienzo -y hasta 1988-, esta versión del programa fue conducida por el actor cubano Rolando Barral, siendo coanimada por Don Francisco, quien en ese entonces era un desconocido para ese público.

Durante el periodo de 1986 a 1992, Don Francisco debió viajar constantemente entre Miami y Santiago de Chile, para realizar dos versiones de su programa. Desde 1994, decide radicarse en Estados Unidos, y producir Sábado gigante -que eliminó las "s" de su nombre original- de manera íntegra en los estudios de Univisión en Miami, FL, distribuyendo hasta hoy los contenidos a diferentes televisoras de 43 países.

En mayo de 2007, Don Francisco firmó un acuerdo con Univisión, que le permitirá percibir 12,7 millones de dólares por año en la conducción de Sábado Gigante; y 2,8 millones de dólares adicionales al año por su participación en el programa Don Francisco Presenta.

El programa televisivo ha entrado a los Record Guiness como el programa de variedad (Longest Running TV Variety) con más horas de transmisión (más de 14 mil horas) en sus más de cuarenta años de vida.

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Otros Programa
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Además de su tradicional programa, Don Francisco ha conducido los siguientes programas:
  • Show Dominical: (Canal13 - Chile, entre 1962 y 1965)

  • Sábados Alegres: (Canal13 - Chile, entre 1965 y 1968)

  • Los Gigantes del Mundial: Microprograma realizado durante las Copas Mundiales de Fútbol de 1978, 1982, 1986, 1990, 1994 y 1998; En Chile, acompañado del presentador César Antonio Santis desde 1978 hasta 1986. (Canal13 - Chile, desde 1978 a 1998).

  • Veinte años junto a Usted: Serie conmemorativa del 20º aniversario de la Red Televisiva Chilena Canal 13. (Canal13 - Chile, 1979).

  • Noche de Gigantes: (Canal13 - Chile, desde 1980 a 1993)

  • Festival OTI de la Canción: Versión realizada en 1989 por la cadena Univisión y conducida junto a Lucy Pereda y Antonio Vodanovic.

  • Gigante y Usted: (Canal13 - Chile desde 1995 a 1998)

  • Vamos Chile: Microprograma realizado tras la clasificación de Chile a la Copa Mundial de Fútbol de 1998. (Canal13 - Chile, 1997).

  • Cuarenta Años Juntos: Serie conmemorativa del 40º aniversario de la Red Televisiva Chilena Canal 13 (Canal13 - Chile, 1999).

  • ¿Quién quiere ser millonario?: Versión chilena de la licencia inglesa Who Wants to be a Millionaire (Canal13 - Chile, desde 2001 a 2003).

  • Don Francisco Presenta: (Univisión - Estados Unidos, desde 2000 a la fecha).

  • Trato Hecho : Versión chilena de la licencia inglesa Deal or No Deal (Canal13 - Chile, 2004).

  • ¿Quién merece ser millonario?: Versión chilena del programa inglés Who Wants to be a Millionaire, pero con algunas modificaciones (Canal13 - Chile, 2006 a la fecha).

  • Huan Ying: Documental realizado en China a propósito de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. (Canal13 - Chile, 2008).

  • La guerra de los sexos: El famoso progama de venevision realizado por Daniel Sarcos y Viviana Gibelli.
  • Las cuatro caras de la moneda: programa de entrevistas a los candidatos a la presidencia realizado entre el 23 y el 26 de noviembre de 2009 en horario estelar. (Canal13 - Chile, 2000).


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Otros Proyectos
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Junto con su labor televisiva, Don Francisco ha escrito dos libros autobiográficos: ¿Quién soy? (1987) y Entre la Espada y la TV (2002). Por otra parte, ha editado tres discos: El Bailongo, El Pachi-Pachi y Mi homenaje gigante a la música norteña. En todos los casos, el dinero recaudado ha sido destinado a importantes campañas solidarias.

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Compromiso Pocial
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La labor social del animador ha ido de la mano de su carrera televisiva. Don Francisco ha encabezado exitosas campañas solidarias, tales como Chile Ayuda a Chile (recolección de víveres tras el terremoto de 1985), La Campaña del Kilo (recolección de víveres tras el aluvión de Antofagasta en 1991), y labores benéficas en favor de UNICEF y la Organización Panamericana de la Salud.

Sin embargo, la campaña solidaria más exitosa del conductor es la Teletón.

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Teletón
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Teletón Chile

Don Francisco durante la Teletón 2007.A fines de la década de 1970, Don Francisco gozaba de la más alta popularidad en Chile. Sin embargo, el animador sentía que debía hacer un aporte concreto al público chileno que lo había llevado hasta el éxito. Con esto en mente, idea una campaña benéfica que entregara aportes en dinero a un determinado grupo con algún tipo de necesidad.

En el año 1975 junto con el periodista Héctor Olave, ven la Telethon contra la distrofia muscular del comediante estadounidense Jerry Lewis (Joseph Levitch), que a comienzos de la década de 1950 en el Colgate Comedy Hour fomentaba la donación para la cura de la minusvalía. Cerca del año 1958 la dupla Lewis y Martin organizan un telemaratón que reúne 1 millón de dólares de la época. A mediados de los años 1970, el telemaratón de Lewis llevaba 21 horas de transmisión y la forma de recaudar dinero fue copiada por Kreutzberger, quién ya había hecho campañas televisadas por aluviones, ayuda al Perú, en los años precedentes. Esto coincide cuando, en uno de sus reportajes de la sección de Sábados Gigantes "Ud. no conoce Chile", muestra el caso de un niño discapacitado que había sido amarrado por su madre para evitar lastimar a sus hermanos.

Coincidentemente, es invitado a una edición del programa de televisión Dingolondango, de la red estatal de televisión chilena TVN, donde debía donar dinero a una organización benéfica. Fue en ese momento cuando conoció a Ernesto Rosenfeld, presidente de la Sociedad Pro-Ayuda al Niño Lisiado, a quien donó 15.000 dólares de entonces, y que le invitó a conocer la obra que el encabezaba.

Así, se acercó y decidió que los niños minusválidos serían el grupo que su nueva campaña ayudaría. Tras la decisión, propuso la idea al directorio de la Sociedad, y se comprometió a recaudar un millón de dólares para ellos.

Esta fue la génesis de Teletón, campaña solidaria que -imitando la experiencia norteamericana iniciada por el actor Jerry Lewis- recauda dinero para los niños minusválidos de Chile, a través de un programa de televisión de 27 horas ininterrumpidas de duración, producido y transmitido por todas las cadenas de televisión de ese país, y en la que participan todos los medios de comunicación escritos y radiales.

Las recaudaciones de Teletón -desde su inicio en diciembre de 1978- suman más de 240 millones de dólares, y han permitido la construcción de diez institutos de rehabilitación infantil en todo Chile. Además, el ejemplo chileno ha sido tomado por otros países latinoamericanos, quienes desarrollan sus propias campañas solidarias. Sin embargo, se considera que el gran aporte de esta cruzada ha sido la integración y compromiso social respecto del tema de la discapacidad.

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Críticismo
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Pese a su gran popularidad, Don Francisco y su trabajo no han estado exentos de críticas, sobre todo en Chile, donde su figura es atacada principalmente por intelectuales de izquierda y algunos políticos como Francisco de la Maza, el destituido senador Jorge Lavandero o la fallecida líder comunista Gladys Marín, sea por su influencia en la sociedad chilena contemporánea -que llegó a su clímax en la época del régimen militar- o por el financiamiento de la campaña Teletón. Sin embargo, el respaldo popular ha dejado claro que si bien ya no goza de la gran exposición que tuvo en la década de 1980, su figura ha dejado un legado importante en la cultura chilena y latinoamericana, así como el desarrollo de políticas publicas tendientes a favorecer la inserción social de los discapacitados.

Por otra parte, su popularidad en Estados Unidos también le ha acarreado problemas. En 1994 fue acusado de cometer acoso sexual en contra de la ex modelo de Sábado Gigante Ana Isabel Gómez. El hecho fue seguido por interés por la prensa latina de Estados Unidos y la prensa chilena (hasta ese entonces el acoso sexual era algo desconocido en Chile, por lo que el hecho fue importante para su divulgación como problemática social), y aunque tras un acuerdo extrajudicial en el que el presentador indemnizó a la modelo por la suma de 100.000 dólares, Don Francisco rechazó tales acusaciones, calificándolas como un intento de extorsión en contra de su persona.

También han existido cuestionamientos respecto a sus declaraciones relativas al Holocausto judío. Según Mario Kreutzberger, su padre habría escapado del Campo de Prisioneros de Majdanek (su documental Testigos del silencio sería un homenaje a él);[3] sin embargo, esto se contrapondría con la fecha de nacimiento de Don Francisco en Chile (28 de diciembre de 1940) y la creación del Campo de Prisioneros en Polonia (Julio de 1941).

Finalmente, desde que su programa dejó de grabarse en Chile en 1992, algunos artistas que brillaron en su época de oro tales como Roberto Viking Valdés, Mandolino y otros, han cuestionado su débil valoración hacia los artistas chilenos. A eso se suma las antiguas polémicas que el presentador vivió frente a la cantante chilena Palmenia Pizarro y el ventrilocuo argentino Wilde, quienes califican a Don Francisco como el responsable de comentarios que habrían limitado su desarrollo profesional en Chile.

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Don Francisco como Icono Cultural
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Chile y Latinoamérica

En Chile y América Latina, Don Francisco es visto como un ícono cultural; esto ha llevado a que existan numerosas referencias acerca de él en parodias de su programa, obras teatrales, libros o referencias sobre este en otros programas de televisión.

En un episodio del programa 31 Minutos grabado para la Teletón 2003, Juan Carlos Bodoque usa una figura de cartón del presentador chileno para engañar a los demás personajes de la citada serie. En ese capítulo, Bodoque quería sacar provecho de ellos sugiriendo que depositaran en su cuenta bancaria del Banco de Titirilquén.

En la serie animada chilena Diego y Glot, la familia del personaje principal participa en el concurso "la superfamilia", que era una de las secciones del programa Sábado Gigante en la década de 1980. Don Francisco es satirizado tanto en su voz como en sus modales y en la forma de vestir.

En 2007, la cadena de televisión Sony Entertainment Television produjo el programa Nada que ver, un reality show de caricaturas que representan a diferentes artistas de Latinoamérica. Entre los protagonistas destaca "Don Cisco", un cabezón e hiperventilado presentador que es una clara alusión a Mario Kreutzberger.

Don Francisco fue la inspiración para que el comediante y actor chileno Fernando Alarcón hiciera su particular visión acerca de él con el personaje "Pepito TV", surgido en el programa Jappening con Ja. Dicho personaje también satirizaba y exageraba su personalidad. Un detalle muy importante es que usualmente el personaje se mofaba de él calificando como "el guatón copión" ya que era sabido que el presentador chileno sacaba ideas para su programa en sus viajes al extranjero.

En 1988, César Antonio Santis hizo una suerte de homenaje en el primer capítulo del programa Porque Hoy es Sábado de la cadena estatal chilena TVN. En dicho episodio, el presentador se refirió a él como el padre del entretenimiento en Chile mientras un televisor exhibía imágenes de Sábados Gigantes. Para desgracia del presentador y su equipo, el programa se canceló a las pocas semanas, dejando grandes pérdidas económicas para la cadena estatal quien invirtió una alta cantidad de dinero en dicho programa.

En la revista cómica de historietas Condorito, en una edición que circuló en Chile, Bolivia, y el Perú, el personaje principal hace alusión al "programa de televisión del Guatón Chanchisco", en clarísima alusión a Don Francisco (en lengua quechua, y en jerga usada en varios países sudamericanos, "guata" significa vientre o barriga).
Tras la autorización del Gobierno de Cuba -en marzo de 2008- respecto de la venta de equipos reproductores, computadoras y otros electrodomésticos, la renta de DVDs piratas se ha masificado en ese país. Dentro de los videos más solicitados, se encuentran los programas Sábado Gigante y Don Francisco Presenta, ambos conducidos por Mario Kreutzberger.

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Estados Unidos
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  • En la serie animada norteamericana Los Tiny Toons, en uno de sus capítulos la conejita Babs Bunny necesita tomar una decisión y para ello recurre a una "tómbola" en la cual viene un "animador" a hacer el sorteo, el personaje es una parodia de Don Francisco que no habla, solo sonrie.

  • En un capítulo de The Simpsons, Krusty el payaso alude a Don Francisco a través de un llamado telefónico donde indica que éste "quiere arruinar su carrera".

  • En el episodio de The Simpsons llamado Hello Gutter, Hello Fadder, Disco Stu es invitado a un programa de TV, donde dice (en el diálogo de la versión en castellano): "Disco Stu ganará mucho dinero con Don Francisco" y Kent Brockman, el conductor, dice: "Shh... no queremos que nos confundan con ese programa".

  • También aparece nombrado en la serie El Príncipe del Rap donde el personaje de Hilary le dice al personaje de Will Smith "¿acaso me has visto con Don Francisco?".


  • Don Francisco afirmó en el programa ¿Sabes más que un niño de 5º Básico? que el ex Presidente de los Estados Unidos George Bush creía que él se llamaba "Don" y su apellido era "Francisco", por lo que siempre le decía "Don".


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Reconocimientos
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  • 2001: Recibe la Estrella de la Fama en Hollywood, que lo consagra como el animador latinoamericano más famoso de la historia. Ese mismo año, el tramo de la céntrica calle de Santiago de Chile donde se ubica el Teatro Teletón (lugar donde se realiza la Teletón), es bautizada como Mario Kreutzberger.

  • 2002: S.S. el Papa Juan Pablo II lo designa Benemerenti, siendo la primera persona no católica que recibe tal honor. Por otra parte, junto a su hija Vivian celebran juntos los 40 Años de Sábado Gigante en Chile con una gran celebración efectuada en octubre. Ese mismo año, la Organización Panamericana de la Salud lo nombra Campeón de la Salud de las Américas por sus contribuciones a la salud pública.

  • 2003: Recibe la Condecoración Orden al Mérito Gabriela Mistral en su grado máximo de Gran Oficial, entregada por el Gobierno de Chile por su contribución a la cultura y solidaridad nacional.

  • 2005: La Academia Nacional de las Artes y Ciencias de la Televisión de Estados Unidos le entrega el premio especial Emmy por su liderazgo en la televisión en español.

  • 2005: La Asociación Nacional de Televisión de Chile ANATEL le confiere el Premio ANATEL, por su aporte a la industria televisiva del país.

  • 2006: Tras 20 años trabajando en Estados Unidos, el Congreso de los Estados Unidos le rinde un homenaje por su aporte a la comunidad hispana en ese país.

  • 2007: Durante la celebración del 48º aniversario de la Red de Televisión Chilena Canal13 - Chile se reconoce su calidad de funcionario más antiguo de la empresa, y el Estudio Dos de la estación es bautizado con su nombre.

  • 2007: El Senado de la República de Chile condecora a Don Francisco como la figura más importante de la televisión chilena en sus primeros 50 años.

  • 2008: La Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, condecora a Don Francisco con la "Gran Estrella de Oro" por servicios meritorios a la República, en reconocimiento a su dilatada trayectoria pública dedicada a las comunicaciones y su labor social a través de diversas campañas de beneficencia.

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George Müller

Una Pequeña Historia Acerca de la Fe Genuina.
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Abigail era la hija más pequeña de una pareja de padres que temían a Dios. Su primera oración infantil fue dicha en las rodillas de George Müller, el gran hombre de fe del siglo XIX. Un día, la pequeña, que tenía sólo 3 años de edad, le dijo: «Me gustaría que Dios respondiese mis oraciones de la misma forma que responde las suyas». «Él responderá», fue la respuesta inmediata de Müller. Tomando a la pequeña en su regazo él repitió la promesa de Dios: «Todo cuanto pidieres en oración, creed que lo recibisteis, y lo recibiréis». «Ahora, Abbie, ¿qué es lo que deseas pedir a Dios?». «Yo quiero lana», dijo ella. Entonces él, juntando las manos en actitud de oración, dijo: «Ahora, repite lo que yo voy a decir: «Por favor, Dios, manda lana para Abbie» – «Por favor, Dios, manda lana para Abbie», repitió la niña, y saltando, corrió para jugar, perfectamente satisfecha. De repente ella volvió, y, subiendo a sus rodillas, dijo: «Por favor, Dios, manda en colores variados».

Al día siguiente ella se llenó de gozo y alegría al recibir una caja que vino por el correo, con una gran cantidad de ovillos de lana de colores variados. Su profesora, que estaba fuera realizando una visita, encontró los ovillos de lana y pensó que a su alumna podrían gustarles.


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Primeros Años
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George Müller fue uno de los mayores hombres de oración de toda la historia. Andrew Murray escribió sobre él: «Del mismo modo que Dios colocó al apóstol Pablo como un ejemplo en su vida de oración para los cristianos de todos los tiempos, así también puso a George Müller, en tiempos más recientes, como una prueba para Su iglesia, de que él continúa respondiendo siempre la oración, en forma literal y maravillosa».

Nació en Alemania en el año 1805, y su juventud estuvo marcada por la maldad y el despilfarro. De niño tuvo una fuerte inclinación por el engaño y el robo, razón por la cual llegó a estar encarcelado durante veinticinco días.

En noviembre de 1825 conoció al Señor en una sencilla reunión en una casa, a la cual, sorprendentemente, se hizo invitar por un amigo cristiano. Desde entonces comienza a manifestarse un profundo vuelco en su manera de ser y de vivir, aunque no sin severas pruebas y fracasos. Su padre quería hacerle pastor luterano, pero él quería hacerse misionero. Cinco veces se ofreció para enrolarse, pero cada vez hubo obstáculos en el camino, permitidos por el Señor. Finalmente solicitó su admisión en la «Sociedad Londinense para la Evangelización de los Judíos». Fue aceptado, y se trasladó a Londres en marzo de 1829, aunque nunca llegó a ejercer allí.

Por ese tiempo había comenzado un despertar entre muchos creyentes, quienes a la luz del Nuevo Testamento habían decidido separarse de los sistemas denominacionales y reunirse en sencillez solamente como hijos de Dios. Este fue el principio de lo que se conoció más tarde como el movimiento de los «Hermanos de Plymouth». En Inglaterra, George Müller conoció a A. N. Groves y Henry Craik, que tuvieron una gran influencia en su vida.

Su «segunda conversión»

En julio de 1829, cuatro años después de su conversión, mientras estaba en el pueblo de Teignmouth reponiéndose de una enfermedad, George Müller tuvo una experiencia espiritual que nunca olvidaría. Allí escuchó a alguien predicar. He aquí su testimonio: «Aunque no me hubiese agradado del todo lo que habló, pude ver una gravedad y solemnidad en él, diferente de los demás. A través de este hermano, el Señor me concedió una gran gracia, por la cual tengo motivos para engrandecerle por toda la eternidad. Dios comenzó a mostrarme que sólo la Palabra de Dios debe ser nuestra regla de juicio en las cosas espirituales; que ella sólo puede ser explicada por el Espíritu Santo, y que en nuestros días, igual que en los primeros tiempos, él es el Maestro de su pueblo. Yo no comprendía experimentalmente el oficio del Espíritu Santo hasta esa época. No había visto que el Espíritu Santo, solo, nos puede enseñar respecto de nuestro estado natural, mostrarnos nuestra necesidad del Salvador, habilitarnos a creer en Cristo, explicarnos las Escrituras, ayudarnos a predicar, etc.»

«Entender este punto en particular fue, en principio, lo que tuvo un gran efecto sobre mí, pues el Señor me habilitó para ponerlo en práctica, dejando de lado comentarios, y casi todos los otros libros, y simplemente leer la Palabra de Dios y estudiarla. El resultado de eso, fue que la primera noche en que me encerré en mi cuarto para entregarme a la oración y a la meditación de las Escrituras, aprendí en pocas horas más de lo que había aprendido durante los últimos meses. Pero la mayor diferencia fue que recibí fuerza verdadera en mi alma, al hacerlo de aquella manera».

«A más de eso, agradó al Señor conducirme a observar un patrón de devoción más alto que el que había tenido anteriormente. Me condujo, en parte, a ver lo que es mi gloria en este mundo, también a ser pobre y despreciable con Cristo. Regresé a Londres mucho mejor de mi cuerpo. En cuanto a mi alma, el cambio fue tan grande, que fue como una segunda conversión».

Al año siguiente, George Müller decidió establecerse en Teignmouth, donde fue invitado a hacerse cargo de una pequeña congregación. Habiendo visto la necesidad de depender enteramente de Dios para su mantenimiento, renunció al pequeño sueldo que recibía. Ese mismo año contrae matrimonio con Mary Groves, hermana de A. N. Groves. Juntos se aventuran a una vida de fe, vendiendo las propiedades que tenían, para depender enteramente de Dios.

La obra en Bristol

Dos años más tarde, Henry Craik recibió una invitación para ir a Bristol a celebrar reuniones, y éste invitó a George Müller para que le ayudara. La predicación fue tan bien recibida, que los hermanos les invitaron para que se fueran a vivir a Bristol. Así el Señor conducía las cosas para lo que habría de ser el mayor servicio en la vida de Müller. La obra allí en Bristol experimentó un extraordinario crecimiento. En un ambiente de fe sencilla y celo fervoroso, ajeno a las tradiciones humanas y a la mundanalidad, estos dos ministros se ejercitaron en la fe para un servicio posterior de más amplias dimensiones.

En 1834 fundaron la Institución de Conocimientos Escriturales con el fin de fundar escuelas, distribuir las Escrituras y apoyar los esfuerzos misioneros.

Pero la obra magna fue la que Müller realizó entre los huérfanos. Influido por la biografía de A. H. Francke, de Alemania, y corroborado por su propia experiencia de haber vivido dos meses en la Casa de Huérfanos de Halle, le vino al corazón el procurar hacer algo por los niños hambrientos y harapientos de Bristol. Una experiencia muy triste vivida en una de las escuelas de la institución, y la dirección que le daba la Palabra del Salmo 81: 10, «...abre tu boca que yo la llenaré», apuraron la realización de ese anhelo.

Así fue como en diciembre de 1835, luego de someter el proyecto a un grupo de hermanos, se concretó la idea, arrendándose una casa para atender a un grupo de niñas. Al año siguiente se arrendó una segunda casa para niños pequeños, y una tercera para niños más grandes. Los primeros colaboradores en esta obra ofrecieron incluso sus muebles personales y su servicio gratuito.

George Müller pensaba que si él, siendo un hombre pobre, y sin pedir nada a nadie sino a Dios, podía conseguir los medios suficientes para abrir y mantener una casa de huérfanos, habría un testimonio concreto de que Dios contesta las oraciones de su pueblo. Debido a la demanda de cupos, pronto se hizo evidente que sería necesario tener casas propias, construidas expresamente para tal propósito.

Como respuesta a la oración, desde el 10 de diciembre de1845, se empezaron a suceder los donativos. Así fue como pronto se compraron los terrenos –a un precio muy rebajado– y se comenzó la construcción. El 18 de junio de 1849, los trescientos niños que a esa fecha eran atendidos, se fueron a su nueva casa, ubicada en el distrito de Ashley Down. Ocho años después, en noviembre de 1857, se inauguró la segunda casa, para la recepción de cuatrocientos huérfanos más. Pero eso no fue todo. En marzo de 1862 se abrió la tercera, con capacidad para cuatrocientos cincuenta niños. En noviembre de 1868 se inauguró la cuarta, y en enero de 1870, la quinta. En total, los cinco edificios tenían una capacidad para más de 2.000 niños y niñas. No se trataba de construcciones livianas, levantadas como de emergencia, sino de piedra, muy sólidas, que fueron capaces de sortear el paso de los años.

Veinticinco años pasaron entre la construcción de la primera y la última casa, lo cual demuestra que no fue obra de un solo impulso generoso, ni de precipitación, sino de paciente espera en Dios, venciendo los obstáculos y allanando las dificultades por medio de la oración.

Un botón de muestra

La fe de George Müller y de sus colaboradores tuvo muchas ocasiones de ser probada en el orfanato. ¡Cómo no, si vivían por fe día tras día! Entre las variadas experiencias vividas, hay algunas que no pueden dejar de mencionarse.

Cierta vez no había nada para ofrecer a los niños al desayuno. Los niños se sentaron en torno a las mesas como de costumbre. Allí estaban los platos y los jarros, pero no había nada en ellos. Entonces Müller dijo: «Daremos gracias a Dios por lo que vamos a recibir». No bien habían terminado de orar, cuando sonó un aldabazo en la puerta. Un lechero mayorista había tenido un accidente, rompiéndose una de las ruedas de su vagón, frente a la puerta del orfanato, por lo cual había entendido que debía entregar la leche a los niños. Mientras descargaban la leche, llegaron unos carritos de la panadería más selecta de Bristol, con un mensaje que decía que toda la hornada de pan de la noche anterior, por cierto descuido, no tenía la hermosa presentación de costumbre, así que la donaban a los niños. Así fue cómo, con muy poco retraso, los niños recibieron aquel día su desayuno ¡y en abundancia!

Algunas veces le preguntaban a Müller: «¿Por qué no toman el pan a crédito? Ya que el orfanato es obra del Señor, ¿no pueden ustedes confiar en él que provea los medios necesarios para pagar la cuenta al fin del trimestre?». Parecía una buena pregunta, pero Müller tenía una mejor respuesta para ella: «Dios no sólo suplirá lo necesario, sino que lo hará en el tiempo preciso: ¿Por qué confiar en Dios para el fin del trimestre y no confiar en él AHORA? Además, apoyarse en un crédito no significa en ninguna manera el fortalecimiento de la fe; y todavía más, la palabra dice: «No debáis a nadie nada». Aceptar crédito para los alimentos sería negar el objeto fundamental de las casas de huérfanos, que es mostrar delante de todo el mundo y delante de la iglesia entera, que aun en estos días malos, el Dios vivo está pronto para ayudar, consolar y socorrer en respuesta a las oraciones de los que en él confían. No necesitamos apartarnos de él para seguir a nuestros semejantes o recurrir a los métodos del mundo».

Un retrato doméstico

Para ser mejor conocido, George Müller necesitaba ser visto en su vida doméstica simple y diaria. A. T. Pierson, en su libro «George Müller de Bristol» relata así: «Fue mi privilegio encontrarlo frecuentemente en el departamento Nº 3, que era el suyo, en el orfanato. Su cuarto era de tamaño medio, bien ordenado, pero modestamente amueblado, con mesa y sillas, sofá, escritorio, etc. Su Biblia casi siempre estaba abierta como un libro del cual él hacía continuamente uso.

Su aspecto era alto y delgado, siempre vestido con buen gusto, y muy erguido, sus pasos eran firmes y fuertes. Su semblante, en reposo, podría haber sido considerado como severo, si no fuese por la sonrisa que tan habitualmente iluminaba sus ojos y se movía en sus facciones, y que dejó sus impresiones en las líneas de su rostro. Su estilo era de simple cortesía y dignidad espontánea: nadie en su presencia se sentiría como insignificante, y había sobre él un cierto aire de autoridad y majestad indescriptible que hacía recordar la de un príncipe y, sin embargo, mezclado con todo esto, había una simplicidad muy similar a la de un niño, que incluso hacía que ellos se sintieran cómodos con él. En su hablar nunca perdió el acento extranjero, y siempre hablaba con articulación lenta y medida, como si una doble guardia estuviese colocada en la puerta de sus labios. Con él, ese miembro indomable, la lengua, era domesticada por el Espíritu Santo y él tenía aquella marca que Santiago llama de un «varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo».

Aquellos que lo conocieron sólo un poco y lo vieron sólo en sus momentos serios, podrían haberlo considerado destituido de esa cualidad peculiarmente humana, el humor. Su hábito era la sobriedad, pero él gustaba de un chiste que fuese libre de toda mancha de impureza y que no poseyera alguna ofensa a otros. Para aquellos que conocía mejor y amaba, él mostró su verdadero yo, en sus arranques jocosos – como cuando en Ilfracombe, escalando con su esposa y unos amigos los cerros que daban vista al mar, él caminó un poco adelante y se sentó a descansar, y entonces, cuando ellos recién se habían sentado, se levantó y calmadamente dijo: «Muy bien, ya tuvimos un buen descanso, prosigamos».

Ninguna cosa era estimada por él como insignificante e indigna de ser presentada al Señor. Su amigo más antiguo, Robert C. Chapman, de Barnstaple, contó al escritor el siguiente y sencillo incidente: En sus primeros años de su amor a Cristo, visitando a un amigo y viendo que arreglaba su pluma (de escribir), le dijo: Hermano H..., ¿usted ora a Dios cuando arregla su pluma? La respuesta fue: Sería bueno si yo lo hiciese, pero no puedo decir que lo hago». El hermano Müller respondió: «Yo siempre oro, y así arreglo mi pluma mucho mejor».

El servicio a Dios era para él una pasión. En el mes de mayo de 1897, él fue persuadido de tomarse en Huntly un pequeño descanso de su constante servicio diario en el orfanato. En la tarde que llegó dijo: «¿Qué oportunidad hay aquí para trabajar para el Señor?» Cuando se le dijo que él acababa de salir del trabajo continuo y que aquel era un tiempo para descansar, respondió que, estando ahora libre de sus labores habituales, él sentía que debería estar ocupado de alguna otra forma en servir al Señor, para glorificar a aquel quien era su objetivo en la vida. Entonces se organizaron reuniones y él predicó tanto en Huntly como en Teignmouth.

Un viejo sueño cumplido

Cuando George Müller tenía 70 años de edad, el Señor le concedió el deseo que había albergado en su juventud de ser misionero, y con creces. El 26 de marzo de 1875 emprendió la primera de varias giras por el mundo. El orfanato lo había dejado en buenas manos, las de su yerno James Wright y su hija Lydia. En total realizó doce extensas giras entre sus 70 y sus 87 años de edad, comenzando por Inglaterra, siguiendo por Europa, América, Asia Menor (incluyendo Palestina), Rusia, Australia y el lejano Oriente. Se calcula que durante esos diecisiete años dirigió la palabra a más de tres millones de personas, habiendo hablado entre cinco mil y seis mil veces. Recorrió 42 países, cubriendo más de 320.000 kilómetros y ejerciendo una influencia imposible de estimar. 2

En sus viajes misioneros, George Müller mostró una gran firmeza en cuanto a las verdades que había aprendido en sus estudios de las Escrituras, pero también una actitud de generosidad para todos los que se mostraban sinceros creyentes en el Señor Jesús. No se resignaba a aceptar las divisiones hechas por los hombres, ni tampoco quería ocupar un terreno sectario. De acuerdo con los principios apostólicos, reconocía como «hermanos» a todos los salvados por la fe en Jesucristo, no aceptando nombres denominacionales. Él pensaba que la unidad de la iglesia se obtiene por el reconocimiento del nombre del Señor como suficiente. «Cristianos», «santos», «hermanos», «discípulos», son nombres aplicables por igual a todos los que han experimentado el poder regenerador del Espíritu Santo. Así pues, en sus relaciones con los demás cristianos era firme en sus convicciones acerca de la verdad, pero amoroso para con los que no habían recibido la misma luz que él.

Arthur T. Pierson recuerda una conversación que tuvo con George Müller aprovechando una de las giras de éste por Estados Unidos. Por aquel tiempo, A. T. Pierson sustentaba el punto de vista de que el evangelio debe primero promover la salvación de toda la raza humana y solamente entonces el Señor volverá para reinar. Esto lo expuso a Müller, y lo hizo con habilidad. Éste lo oyó en silencio, en su postura acostumbrada, con los ojos vueltos hacia el piso y las manos entre las rodillas. Al final del argumento él dijo: «Querido hermano, oí todo lo que usted acaba de decir sobre el asunto. Hay solamente un error: no tiene base en la Palabra de Dios». Entonces abrió la Biblia y durante dos horas mostró lo que la Palabra de Dios enseña, y continuó el asunto por diez días. Fue un acontecimiento definitivo en el ministerio de A. T. Pierson.

G. H. Lang, en su autobiografía, recuerda haber oído a George Müller en una Conferencia de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Habló una hora y quince minutos. Esto fue lo que escribió después: «Aunque tenía 92 años, él permaneció firme y erguido e hizo un resumen, con voz muy clara, de sus 70 años de servicio a Dios. Sin usar notas, presentó hechos y datos exactos sobre la obra de asistencia a los orfanatos, distribución de folletos y Biblias, así como de sus viajes por el mundo. El número de huérfanos atendidos, de libros distribuidos, de países visitados, de dinero recibido, hasta el menor centavo en cada cuenta – todo fue relatado; y la gran exposición fue coronada con las memorables palabras: «Dios todavía está vivo, y hoy, como hace millares de años atrás, él oye las oraciones de sus hijos, y ayuda a quienes confían en él».

La notable preservación de su salud y fuerza en la vejez, la atribuía Müller, bajo la providencia de Dios, a tres cosas: (1) El hábito de mantener una conciencia sin ofensa delante de Dios y delante de los hombres. (2) El amor que sentía por las Sagradas Escrituras y el poder recuperativo que ejercían en todo su ser. (3) El contentamiento de espíritu que tenía en el Señor y en su obra (encontrándose así aliviado de toda ansiedad y afán, con su consiguiente desgaste físico y nervioso), en todos sus trabajos y responsabilidades.

Una obra portentosa

Quien leyese el informe financiero anual del trabajo de George Müller, descubriría que había un donador anónimo, que se identificaba como «un siervo del Señor Jesús que procura depositar tesoros en el cielo por el amor constreñidor de Cristo». El donador no era otro que el propio Müller. El total de sus ingresos personales ascendió a 93.000 libras esterlinas, de las cuales ofrendó para la obra 81.490 libras, 18 chelines y 8 peniques (unos cuatrocientos mil dólares) ¡Más del 87 % del total! Él afirmó: «Mi objetivo nunca fue cuánto yo iría a conseguir, sino cuánto yo iría a dar». En el momento de su partida tenía apenas 169 libras, 9 chelines y 6 peniques (Unos 850 dólares). De esta pequeña cantidad, cerca de 100 libras (500 dólares) era el avalúo de sus libros y muebles, y había solamente 60 libras en dinero (300 dólares), que estaban esperando para ser donados.

El orfanato, de 5.200 m2, levantado por George Müller es un gran monumento a la fe sencilla en la Palabra de Dios. Cuando Dios puso en su corazón el deseo de construirlos, él poseía apenas 2 chelines (medio dólar). Sin permitir que nadie supliese sus necesidades, excepto Dios, fueron enviadas a él cerca de un millón cuatrocientas mil libras esterlinas (unos siete millones de dólares), para la construcción y mantenimiento de aquellas casas. Durante todos los años, desde la llegada del primer huérfano, el Señor envió el alimento a su debido tiempo. Gracias a eso, ellos jamás quedaron sin siquiera una comida por falta de provisión.

A más de esto, a la fecha de su muerte, unas 122.000 personas habían sido enseñadas en las escuelas sostenidas por los recursos financieros que el Señor le había confiado; y cerca de 282.000 Biblias y 1.500.000 Nuevos Testamentos habían sido distribuidos. Pero todavía más: 112 millones de libros cristianos, panfletos y folletos habían circulado; misioneros de todas partes del mundo habían sido auxiliados; y nada menos de 10.000 huérfanos habían recibido cuidados, gracias a la misma provisión. ¿Cómo George Müller hizo eso? Sin ningún apoyo mundial, sin solicitar ayuda a nadie; sin contraer deudas; sin comisiones, suscripciones o membresías, sino solamente por la fe en el Señor.

George Müller afirmó que él creía que el Señor le había dado más de 30.000 almas en respuesta a la oración. Y esto, no sólo entre los huérfanos, sino también muchos otros por los cuales él había orado fielmente todos los días, en la fe que ellos podrían ser salvos. En uno de esos casos, él oró por dos amigos durante más de 62 años, tres meses cinco días y dos horas. Cuando le preguntaron si esperaba que aquellos dos amigos fuesen salvos, él respondió: «Definitivamente, ¿usted piensa que Dios dejaría de lado una oración de más de 60 años hecha por uno de sus pequeños, sin importarle? Poco tiempo después de la muerte de Müller, aquellos dos amigos fueron salvos.

El miércoles 10 de marzo de 1898, a los 93 años de edad, George Müller partió para estar con el Señor.

Perfil de un carácter notable

Según Arthur T. Pierson, tres cualidades o características resaltan de manera bastante notable en George Müller: la verdad, la fe y el amor.

«La verdad es un centro sobre el cual se refleja la franqueza, la sinceridad, la transparencia y la simplicidad propias de un niño. La verdad es la piedra angular por excelencia, pues sin ella nada más es verdadero, genuino y real.»

«Desde la hora de su conversión, su autenticidad fue en aumento. De hecho, había en él una escrupulosa exactitud que, a veces, parecía innecesaria. Más de alguien sonreía de la precisión matemática con la cual él relataba los hechos (en su Diario), dando los años, días y horas desde que fue traído al conocimiento de Dios, o desde que comenzó a orar por algún asunto concedido, y las libras, chelines, peniques, medio-peniques, e incluso cuartos de penique que formaban la suma total gastada para un determinado propósito. Vemos la misma exactitud escrupulosa en la repetición de las afirmaciones, sean de principios o de ocurrencias, que encontramos en su Diario, y en las cuales frecuentemente no hay ni siquiera la inexactitud de una palabra. Sin embargo, todo esto tiene un significado. Inspira absoluta confianza en el registro de los negocios del Señor.»

«La fe era la segunda de las características centrales de George Müller, y era únicamente el producto de la gracia. Él hallaba en la Palabra del Señor, en su bendito libro, una nueva palabra de promesa para cada nueva crisis de prueba o de necesidad; él colocaba su dedo sobre el texto y entonces miraba a Dios y decía: «Tú dijiste. Yo creo». Persuadido de la verdad infalible de Dios, él descansaba en Su palabra con fe resuelta y, consecuentemente, él quedaba en paz».

«Si George Müller tenía alguna gran misión, esa no era fundar una institución de fama mundial, de forma alguna, aunque fuera útil en distribuir Biblias, libros o folletos, o en dar un hogar y alimentar a millares de huérfanos, o en fundar escuelas cristianas y auxiliar obreros misioneros. Su principal misión era enseñar a los hombres que es seguro creer en la Palabra de Dios, descansar implícitamente sobre lo que sea que Él haya dicho y obedecer explícitamente lo que sea que Él haya mandado: esa oración ofrecida en fe, confiando en Su promesa y en la intercesión de Su querido Hijo, nunca es ofrecida en vano; y que la vida vivida por la fe es un andar con Dios, al lado afuera de las propias puertas del cielo.»

«El amor, la tercera de esa trinidad de gracias, era el otro gran secreto y lección de esta vida. ¿Y qué es el amor? No meramente un afecto complaciente por aquello que es amable, lo que es, frecuentemente, un medio-egoísmo deleitándose en la asociación y en la comunión de aquellos que nos aman. Amor es el principio de altruismo: el amor «no busca lo suyo propio»; es la preferencia de la satisfacción y del provecho del otro, por encima de lo nuestro, y, por eso, es ejercitado en dirección a lo ingrato y desagradable, para que él pueda elevarlos a un nivel más alto. Tal amor es benevolencia, en vez de complacencia, y asimismo él es «de Dios», pues él ama al ingrato y al malo.»

«Tal es la autonegación del amor. George Müller escogió la pobreza voluntaria para que otros pudiesen ser ricos, y la pérdida voluntaria para que otros pudiesen ganar. Su vida fue un largo esfuerzo por bendecir a otros, para ser el canal de llevar la verdad, el amor y la gracia de Dios a ellos.»

«A menos que el sacrificio voluntario de amor sea tomado en cuenta, la vida de George Müller todavía permanecerá en el enigma. Lealtad a la verdad, obediencia a la fe, sacrificio de amor forman la llave triple que abre para nosotros las cámaras cerradas de aquella vida.

Alguien le preguntó cuál era el secreto de su obra. Él dijo: «Hubo un día en que yo morí, morí completamente»; y, tal como él dijo, él se curvó más y más bajo hasta que casi tocó el piso – «morí para George Müller, sus opiniones, preferencias, gustos y voluntad – morí para el mundo, su aprobación o censura – morí para la aprobación o censura incluso de mis hermanos y amigos – y desde entonces he intentado solamente mostrarme aprobado delante de Dios».

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