Tomás Apóstol

sábado, 30 de enero de 2010

SEÑOR: AUMÉNTANOS LA FE

La tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio.

De este apóstol narra el santo evangelio tres episodios.

El primero sucede cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalem, donde según lo anunciado, será atormentado y lo matarán. En este momento los discípulos sienten un impresionante temor acerca de los graves sucesos que pueden suceder y dicen a Jesús: "Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá?. Y es entonces cuando interviene Tomás, llamado Dídimo (en este tiempo muchas personas de Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Así por ej. Pedro en griego y Cefás en hebreo). Tomás, es nombre hebreo. En griego se dice "Dídimo", que significa lo mismo: el gemelo.

Cuenta San Juan (Jn. 11,16) "Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también nosotros y muramos con Él". Aquí el apóstol demuestra su admirable valor. Un escritor llegó a decir que en esto Tomás no demostró solamente "una fe esperanzada, sino una desesperación leal". O sea: él estaba seguro de una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y terrible que fuera, no quería abandonar a Jesús. El valor no significa no tener temor. Si no experimentáramos miedo y temor, resultaría muy fácil hacer cualquier heroísmo. El verdadero valor se demuestra cuando se está seguro de que puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores y terrores y sin embargo arriesgarse a hacer lo que se tiene que hacer. Y eso fue lo que hizo Tomás aquel día. Nadie tiene porque sentirse avergonzado de tener miedo y pavor, pero lo que sí nos debe avergonzar totalmente es el que a causa del temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos dice que sí debemos hacer, Santo Tomás nos sirva de ejemplo.

La segunda intervención: sucedió en la Última Cena. Jesús les dijo a los apóstoles: "A donde Yo voy, ya sabéis el camino". Y Tomás le respondió: "Señor: no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn. 14, 15). Los apóstoles no lograban entender el camino por el cual debía transitar Jesús, porque ese camino era el de la Cruz. En ese momento ellos eran incapaces de comprender esto tan doloroso. Y entre los apóstoles había uno que jamás podía decir que entendía algo que no lograba comprender. Ese hombre era Tomás. Era demasiado sincero, y tomaba las cosas muy en serio, para decir externamente aquello que su interior no aceptaba. Tenía que estar seguro. De manera que le expresó a Jesús sus dudas y su incapacidad para entender aquello que Él les estaba diciendo.


Admirable respuesta:


Y lo maravilloso es que la pregunta de un hombre que dudaba obtuvo una de las respuestas más formidables del Hijo de Dios. Uno de las más importantes afirmaciones que hizo Jesús en toda su vida. Nadie en la religión debe avergonzarse de preguntar y buscar respuestas acerca de aquello que no entiende, porque hay una verdad sorprendente y bendita: todo el que busca encuentra.

Le dijo Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí" Ciertos santos como por ejemplo el Padre Alberione, Fundador de los Padres Paulinos, eligieron esta frase para meditarla todos los días de su vida. Porque es demasiado importante como para que se nos pueda olvidar. Esta hermosa frase nos admira y nos emociona a nosotros, pero mucho más debió impresionar a los que la escucharon por primera vez.

En esta respuesta Jesús habla de tres cosas supremamente importantes para todo israelita: el Camino, la Verdad y la Vida. Para ellos el encontrar el verdadero camino para llegar a la santidad, y lograr tener la verdad y conseguir la vida verdadera, eran cosas extraordinariamente importantes.

En sus viajes por el desierto sabían muy bien que si equivocaban el camino estaban irremediablemente perdidos, pero que si lograban viajar por el camino seguro, llegarían a su destino. Pero Jesús no sólo anuncia que les mostrará a sus discípulos cuál es el camino a seguir, sino que declara que Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Notable diferencia:


Si le preguntamos al alguien que sabe muy bien: ¿Dónde queda el hospital principal? Puede decirnos: siga 200 metros hacia el norte y 300 hacia occidente y luego suba 15 metros... Quizás logremos llegar. Quizás no. Pero si en vez de darnos eso respuesta nos dice: "Sígame, que yo voy para allá", entonces sí que vamos a llegar con toda seguridad. Es lo que hizo Jesús: No sólo nos dijo cual era el camino para llegar a la Eterna Feliz, sino que afirma solemnemente: "Yo voy para allá, síganme, que yo soy el Camino para llegar con toda seguridad". Y añade: Nadie viene al Padre sino por Mí: "O sea: que para no equivocarnos, lo mejor será siempre ser amigos de Jesús y seguir sus santos ejemplos y obedecer sus mandatos. Ese será nuestro camino, y la Verdad nos conseguirá la Vida Eterna".

El hecho más famoso de Tomás

Los creyentes recordamos siempre al apóstol Tomás por su famosa duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a Cristo glorioso.

Dice San Juan (Jn. 20, 24)


"En la primera aparición de Jesús resucitado a sus apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". El les contestó: "si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré". Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presento Jesús y dijo a Tomás: "Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío". Jesús le dijo: "Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver".

Parece que Tomás era pesimista por naturaleza.


No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un poco de tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta.

Tomás cometió un error al apartarse del grupo.


Nadie está pero informado que el que está ausente. Separarse del grupo de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas de fe. Pero él tenía una gran cualidad: se negaba a creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía, lo que en realidad no creía. El no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar de ese tema. No, nunca iba a recitar el credo un loro. No era de esos que repiten maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería estar seguro de su fe.

Y Tomás tenía otra virtud:


que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo es bellísima profesión de fe "Señor mío y Dios mío", y por eso se fue después a propagar el evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús aquella bella noticia: "Dichosos serán los que crean sin ver


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NABUCODONOSOR II

lunes, 25 de enero de 2010

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Nabucodonosor II (c. 630-562 a. C.) es probablemente el gobernante más conocido de la dinastía caldea de Babilonia. Reinó entre el 605 a. C. y el 562 a. C.

Es famoso por la conquista de Judá y Jerusalén, y por su monumental actividad constructora en Babilonia, como los famosos Jardines colgantes de Babilonia, que según cuenta la leyenda fueron construidos para su esposa que sentía nostalgia por el ambiente montañoso primaveral donde creció.

Es tradicionalmente llamado "Nabucodonosor el Grande", pero la destrucción de templos en Jerusalén y la conquista de Judá le causó una imagen malévola en las tradiciones judías y en la Biblia, al contrario de lo que sucede en el Iraq contemporáneo, donde es glorificado como un líder histórico.


Nombre
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Su nombre, en acadio Nabû-kudurri-uṣur, es interpretado como "Oh Nebo, defiende mi corona", "imperio", "estela", o "trabajo". En una inscripción se nombra a sí mismo "el favorito de Nebo". En hebreo es נבוכדנאצר Nəbūkadnệṣṣar (la presencia de א (alef) puede indicar una pronunciación temprana del hebreo, Nəbūkadenʾeṣṣar), y algunas veces (en Jeremías y Ezequiel) נבוכדראצר, Nəbūkadrệṣṣar. La Septuaginta y la Vulgata tienen Ναβουχοδονοσορ, Nabuchodonosor (reflejando una pronunciación temprana Nabūkudunʾuṣur).

El Nebuchadnezzar hebreo puede reflejar un Nabû-kidin-uṣur acadio, o "O Nebo, defiende al burro".


Biografía
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Nabucodonosor fue el hijo mayor y sucesor de Nabopolasar, quien liberó Babilonia de la dependencia de Asiria y dejó a Nínive en ruinas. Según Beroso, contrajo matrimonio con la hija de Ciáxares, por lo que las dinastías de Medos y Babilonia se unieron.

Necao II, rey de Egipto, obtuvo una victoria ante los Asirios en Karkemish. Esto aseguró a Egipto la posesión de provincias Fenicias del imperio asirio, incluyendo parte de Palestina. Las provincias restantes fueron divididas entre Babilonia y Media. Nabopolasar estaba decidido en reconquistar de Necao las provincias del oeste de Siria, y para este fin mandó a su hijo junto a un poderoso ejército en dirección al oeste. En la Batalla de Karkemish en el año 605 a. C., el ejército egipcio fue derrotado y Siria y Fenicia cayeron bajo el dominio de Babilonia. Nabopolasar murió el 15 de agosto del 605 a. C. y Nabucodonosor regresó a Babilonia para ascender al trono.

Después de vencer a los Cimerios y Escitas, todas las expediciones de Nabucodonosor estuvieron dirigidas hacia el oeste, aunque un poderoso vecino, los medos, estaba ubicado en el norte; la causa de esto fue el matrimonio con Amuhia, hija del rey de los medos, que aseguró paz entre los dos imperios.

Nabucodonosor llevó a cabo varias campañas sobre Siria y Judá. Un intento de invasión a Egipto en 601 a. C. tuvo algunos contratiempos, causados por diversas rebeliones en el área del Levante, incluyendo Judá. Nabucodonosor terminó con las rebeliones, capturando Jerusalén el 597 a. C., y llevando al rey Jeconías a Babilonia. Cuando el faraón Apries intentó nuevamente una invasión a Palestina, el 589 a. C., Judá y otros estados de la región se rebelaron. Un segundo asedio de Jerusalén ocurrió en 587/586 a. C., finalizando con la destrucción del templo y la ciudad, y la deportación de muchos ciudadanos a Babilonia. Estos hechos se describen el los libros bíblicos de Reyes, Jeremías y Crónicas. Después de la destrucción de Jerusalén, Nabucodonosor sostuvo un asedio sobre Tiro (585-572 a. C.), que terminó con un compromiso, donde la ciudad aceptaba la autoridad de Babilonia.

Según parece, luego de la pacificación de Tiro, Nabucodonosor habría vuelto a atacar Egipto. Una tablilla de arcilla, que está actualmente en el Museo Británico, contiene la siguiente inscripción refiriéndose a esta guerra:

"En el trigésimo séptimo año de Nabucodonosor, rey de Babilonia, fue a Mitzraim (Egipto) para hacer una guerra. Amasis, rey de Egipto, reunió [a su ejército], y marcharon y se dispersaron por el extranjero."

Completando la subyugación de Fenicia, y luego de atormentar Egipto, Nabucodonosor se dedicó a adornar la ciudad de Babilonia, construir canales, acueductos y reservas.

Tomando en cuenta sus inscripciones y el número de templos construidos o restaurados por él, se puede decir que fue un hombre muy devoto. Lo que se sabe de su historia lo muestra con una disposición humana, en llamativo contraste con la demostración de crueldad gratuita de la mayoría de los soberanos asirios. Fue debido a esta moderación que Jerusalén fue perdonada repetidas veces, y finalmente destruida sólo cuando esto fue una necesidad política; los príncipes rebeldes obtuvieron perdón, y el mismo Sedecías, que por su desagrado contra el rey babilónico le era particularmente odioso, si se hubiese comportado con menos terquedad, hubiera recibido mayor indulgencia (Jeremías 38:17, 18); Nabucodonosor mostró mucha consideración a Jeremías, dejándolo libre de acompañar a los exiliados a Babilonia o de permanecer en Jerusalén, y nombrando a uno de los amigos del profeta, Godolías, como gobernador de Jerusalén; concedió también tal parte de libertad a los exiliados judíos que algunos ascendieron a una posición de prominencia en la Corte y Baruc pensó que era un deber exhortar a sus compañeros para que tuvieran el bienestar de Babilonia en el corazón y para que oraran por su rey. La tradición babilónica cuenta que al final de su vida, Nabucodonosor, inspirado desde las alturas, profetizó la ruina inminente del imperio Caldea (Berosus y Abydenus en Eusebio, Praep. Evang., 9.41).

Nabucodonosor murió en Babilonia entre el segundo y sexto mes del año 43 de su reinado.


Actividad constructora
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Nabucodonosor pareció sentirse más orgulloso por sus obras que por sus victorias en el campo de batalla. Durante el último siglo de la existencia de Nínive (s. VII a. C.), Babilonia estaba devastada, no sólo a manos de Senaquerib y Asurbanipal, sino también como resultado de rebeliones. Nabucodonosor, continuando con el trabajo de reconstrucción de su padre, tuvo como propósito convertir su capital en una de las maravillas del mundo. Antiguos templos fueron restaurados; nuevas edificaciones de increíble magnificencia fueron construidas en honor a los dioses del panteón babilónico (Diodoro de Sicilia, 2.95; Heródoto, 1.183); para completar el palacio real comenzado por Nabopolasar, nada fue ahorrado, ni "madera de cedro, bronce, oro, plata, piedras preciosas y raras"; un pasaje subterráneo y un puente de piedra conectaban las dos partes de la ciudad separadas por el río Eufrates; la ciudad se volvió inexpugnable con la construcción de un triple muro.

Las labores de Nabucodonosor no estaban sólo ligadas a la capital; es acreditado por la restauración del lago de Sippar, abrir un puerto en el Golfo Pérsico, y la construcción de una muralla entre los ríos Tigris y Eufrates para proteger al país de invasiones del norte: de hecho, no hay un lugar en Babilonia donde no aparezca su nombre o vestigios de su actividad como rey.






Estas gigantescas obras necesitaron una amplia mano de obra: de las inscripción en el templo de Marduk, se puede inferir que la mayoría de los cautivos traídos desde el oeste de Asia participaron en las labores de construcción.

















Nabucodonosor en el Libro de Daniel
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Nabucodonosor es más ampliamente conocido a través de su descripción en la Biblia, especialmente en el Libro de Daniel, que discute varios eventos de su reinado en adición a su conquista de Jerusalén:

En el segundo año de su reinado (evidentemente contando de su conquista a los judíos), Nabucodonosor sueña con una gran imagen hecha de varios materiales (oro, plata, bronce, hierro, y barro cocido) que es destruida totalmente. El profeta Daniel lo interpreta de modo que representa el auge y la caída de los poderes mundiales (Daniel Capítulo 2).

Durante otro incidente, Nabucodonosor levanta un enorme ídolo de oro para ser venerado durante una ceremonia pública en el llano de Dura. Cuando tres judíos, Ananías, Misael, y Azarías (Sedrac, Mesac, y Abed-nego) rehusaron formar parte de tal acto, el rey los mandó a arrojar a un horno ardiente. Pero al momento de ser arrojados fueron salvados por un ángel y surgieron ilesos (Daniel Capítulo 3).

Otro sueño, esta vez de un árbol inmenso, es interpretado por Daniel el profeta. El sueño anunciaba el destino del rey viviendo junto a las bestias y comportándose como éstas (Daniel Capítulo 4).

Mientras presumía sobre sus logros, Nabucodonosor es humillado por el Dios de los judíos. El rey pierde la cordura y vive en la selva como un animal durante siete años (algunos lo consideran como un ataque de locura llamado zoantropía clínica). Después de esto, su cordura y postura son recobradas. Ni la enfermedad, ni el interregno que debió haber causado, están registrados en los anales babilónicos; sin embargo, hay una ausencia de actos del rey durante 582-575 a. C. Algunos eruditos creen que el Libro de Daniel fue escrito mucho tiempo después que los eventos descritos, durante el Siglo II a. C., por esta razón se duda de la veracidad de las descripciones.

Algunos estudiosos creen que la descripción hecha por Daniel es una mezcla de tradiciones sobre Nabucodonosor —fue sin duda quien conquistó Jerusalén— y Nabónido (Nabuna'id), el último rey de Babilonia. Por ejemplo, Nabónido fue el verdadero padre de Belsasar, y los siete años de locura pueden estar relacionados con la estadía de Nabónido en Tayma en el desierto. Evidencia de esto está en fragmentos de los Manuscritos del Mar Muerto donde se describe a Nabónido (N-b-n-y) siendo azotado por Dios con una fiebre de siete años en su reino mientras su hijo regía en Babilonia.


Sucesores
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Después de su muerte en octubre de 562 a. C., luego de haber reinado 43 años, fue sucedido por su hijo Amel-Marduk, quien, después de reinar dos años, fue sucedido por Neriglisar (559 - 555), que fue sucedido por Nabónido (555 - 538), al final de estos reinados (menos de un cuarto de siglo después de la muerte de Nabucodonosor) Babilonia cayó bajo Ciro quien lideró la combinación de los ejércitos de Media y Persia.


Epónimo
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* Hay un tipo de Lirio de día llamado "Horno de Nabucodonosor".




* En la popular trilogía Matrix, la nave del personaje 'Morfeo' se llama Nabucodonosor.




* Una botella de champán que contiene la suma de 20 botellas (15 litros) es llamada Nabucodonosor.




* Una ópera de Verdi se llama Nabucco.




* Sadam Hussein nombró a una de sus divisiones militares Nabucodonosor.




* Una carta de leyenda en Magic: El Encuentro se llama Nabucodonosor.




* Nabucondonsor II es el nombre del cerdo campeón del personaje Inodoro Pereyra del escritor argentino Roberto Fontanarrosa.




* En la serie Barrio Sésamo había unos pequeños seres que vivían en una maceta de Epi llamados Nabucodonosorcitos.
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Jacob o Ya'akov

domingo, 24 de enero de 2010

Jacob o Ya'akov, en hebreo יַעֲקֹב "sostenido por el talón" o en árabe يعقوب Yaʿqūb, conocido después como Israel hebreo יִשְׂרָאֵל "el que pelea con Dios", árabe اسرائيل Isrāʾīl) es uno de los patriarcas en la Biblia. Su historia es contada en el libro del Génesis.

Yavé continuamente declaró su amor por Jacob (Malaquías: "... yo amé a Jacob, y odié a Esaú...").

Cuenta el relato que Jacob compró la primogenitura de su hermano Esaú por un plato de lentejas, y a su esposa, Raquel, la compró de su tío Labán a cambio de catorce años de trabajo. (Después de los siete primeros Labán lo engañó, entregándole a su hija Lea. Siete años más tarde le entregaría recién a Raquel).

Dios renombró a Jacob como Israel después que este luchó contra un ángel (Génesis 32:23-30), y llegaría a ser el padre de los israelitas.

Jacob probablemente nació en Lahai-roi, unos veinte años después del matrimonio entre Isaac y Rebeca, cuando para ese tiempo su padre tenía sesenta años de edad (Génesis 25:26), y su abuelo Abraham ciento sesenta años. Al igual que su padre, Jacob era de disposición tranquila, porque, según el relato, el era un ish tam, traducido como sencillo o puro, en el sentido de la perfecta sencillez. También dice que yacía en la tienda lo cual, interpretado por muchos eruditos bíblicos, es una señal de ser alguien muy estudioso.

Cuenta el relato que Jacob compró la primogenitura de su hermano Esaú por un plato de lentejas, y a su esposa, Raquel, la compró de su tío Labán a cambio de catorce años de trabajo. (Después de los siete primeros Labán lo engañó, entregándole a su hija Lea. Siete años más tarde le entregaría recién a Raquel).

Dios renombró a Jacob como Israel después que este luchó contra un ángel (Génesis 32:23-30), y llegaría a ser el padre de los israelitas.

Jacob probablemente nació en Lahai-roi, unos veinte años después del matrimonio entre Isaac y Rebeca, cuando para ese tiempo su padre tenía sesenta años de edad (Génesis 25:26), y su abuelo Abraham ciento sesenta años. Al igual que su padre, Jacob era de disposición tranquila, porque, según el relato, el era un ish tam, traducido como sencillo o puro, en el sentido de la perfecta sencillez. También dice que yacía en la tienda lo cual, interpretado por muchos eruditos bíblicos, es una señal de ser alguien muy estudioso.

Era el segundo nacido de los hijos mellizos de Isaac y Rebeca. Durante el embarazo, los niños "luchaban" dentro de ella (Génesis 25:22). Cuando Rebeca le consultó a Dios el porqué de la lucha, recibió el mensaje de parte de Él, que dos naciones, muy distintas entre ellas, estaban formándose en su vientre, y que el mayor serviría al menor. Rebeca siempre recordó estas palabras. De hecho, ella siempre favoreció a Jacob. Entretanto, su padre, Isaac, siempre favoreció a Esaú, el otro hijo mellizo, quien era un hombre de campo, y un gran cazador.


Historias bíblicas
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Bendición del primogénito

La Biblia dice que cuando los muchachos estaban creciendo, Esaú, el cazador, un día vino hambriento, y le pidió a su hermano Jacob el plato de lentejas que estaba comiendo. Jacob, por consejo de su madre, le pidió que le vendiera la primogenitura como hijo mayor, a cambio del alimento. Esaú, viendo que este derecho era inservible para él si llegaba a morir, accedió, y así, en palabras bíblicas "despreció su primogenitura".

Este derecho no sólo incluía el tradicional rito bíblico de los primogénitos, el cual garantizaba un rango superior en la familia (Génesis 49:3), sino también, una doble porción de la herencia paternal (Deuteronomio 21:17).

Cuando Isaac envejeció, y había perdido bastante su vista al punto de quedar casi ciego, envió a Esaú a los campos, diciéndole que cazara algo para una última comida antes de recibir su bendición. Rebeca escuchó, y le dijo a Jacob que degollara dos cabritos, y se los trajera a su padre, para que recibiera de él la bendición de su hermano. Jacob objetó que su padre, aunque estaba casi ciego, podría notar la sustitución sólo con tocarlo, ya que Esaú era bastante velludo, y él era lampiño. Rebeca le dijo que no se preocupara, y le colocó a modo de fundas las pieles de los cabritos sobre cuello y manos.

Jacob, así vestido, fue a la presencia de su padre clamando ser su hermano, entonces Isaac, sospechando de su voz, pidió que se acercara para palparlo. Una vez que se "aseguró" que era "Esaú", le dio la bendición. Tan pronto como Jacob recibió dicha bendición y se marchó, Esaú llegó, cayendo en gran cólera por lo que había ocurrido. Isaac, quien ya se había dado cuenta del error, le dijo que lo único que podía darle era una bendición menor. Esaú, en cambio, juró que iba a matar a su hermano, una vez que su padre muriese.

Labán y Raquel
Rebeca, su madre, dándose cuenta de antemano de las intenciones asesinas de Esaú, le llamó y lo hizo huir, enviándolo donde su hermano, Labán, hasta que la furia de Esaú disminuyera. También, le aconsejó que buscara una esposa mientras viviera allí.

En el camino a Harán, experimentó una extraña visión, en la que sostenía una escalera que llegaba hasta el cielo, una visión que es comúnmente referida en las Escrituras como La Escalera de Jacob. Desde la cima de la escalera, escuchó la voz de Dios, que repetía muchas bendiciones hacia Jacob. Continuando su camino, llegó a Harán. Paró allí, y encontró a la hija más joven de su tío Laban, su prima Raquel. Después de que Jacob había vivido un mes con sus familiares, Laban le ofreció paga por la ayuda que le había dado. Jacob indicó que le serviría por siete años a cambio de la mano de Raquel en matrimonio, a lo cual Laban accedió.

Estos siete años le parecieron a Jacob "unos pocos días, por el amor que le tenía a ella". Pero una vez que se completó el tiempo establecido, Laban le dio a su hija mayor, Lea, en su lugar. En la mañana, cuando Jacob descubrió el cambio, se quejó, a lo que Laban dijo que en su país era inaceptable dar en matrimonio a la hija menor antes que la hija mayor. Entonces ofreció a Jacob darle a Raquel también, aunque sólo si permanecía con Lea. Él cumplió con la luna de miel y trabajó otros siete años.

Una vez que se casó con ambas, "Jacob amó a Raquel y despreció a Lea". Dios, viendo esto, hizo que Lea procreara muchos hijos. Ella le dio a luz a Rubén, Simeón, Leví, y a Judá antes de partir al desierto. Raquel, viendo que era incapaz de procrear un hijo, se puso celosa de su hermana, entonces pidió a Jacob que tuviera hijos con su criada, Bilha, para que ella pudiera tener un hijo a través de ella. Jacob hizo así, y Bilha le dio a luz a Dan y Neftalí. Así, Lea también entró en celos, y le pidió a Jacob que tuviera hijos también con su criada, Zilpa. Ella a su vez, le dio a Gad y Aser. Entonces, Lea volvió a ser fértil nuevamente, y le dio a luz a Isacar y Zabulóny Dina. Entonces Dios se acordó de Raquel y al fin, le dio un hijo, al que llamó José.

Para el tiempo en que nació José, Jacob deseaba volver a casa, pero Laban notó que Dios le había bendecido en gran manera mientras Jacob estuvo allí, por lo que le rogó que se quedara. Laban ofreció pagarle, entonces Jacob mencionó, como posible pago, parte del hato de ganado de Laban, el cual había aumentado grandemente. Laban accedió, e inmediatamente le dio todas las reses que Jacob había solicitado.

Conforme el tiempo pasaba, los hijos de Laban se dieron cuenta de que Jacob tomaba la mejor parte de sus rebaños, además de que la actitud amistosa de Laban hacia Jacob había cambiado. Entonces, Dios le advirtió a Jacob salir del pueblo, y después de una rápida consulta a sus esposas, el partió sin dar aviso a Laban. Antes de partir, Raquel robó los íconos de la casa de su padre.

Laban en gran ira, persiguió a Jacob durante siete días, pero la noche antes de que lo lograra alcanzar, Dios le habló en sueños y le dijo: "Debes tener cuidado de no hablar mal a Jacob" (Génesis 31:24).

El día que se encontraron, en el monte Gilead, Laban acusó a Jacob de escabullirse con sus hijas, como si fueran cautivos, y le cuestionó por qué no le había avisado de su partida con anticipación. Le menciono a Jacob que pudo herirlo, pero el mensaje de Dios la noche anterior lo detuvo de hacer esto. Finalmente preguntó por qué los íconos habían sido robados.

Jacob no sabía que Raquel había robado los iconos. Por tanto, le dijo a Laban que quienquiera que los haya robado debe ser muerto, a lo cual le solicitó permitirle buscar. Laban lo hizo así, mas cuando buscó en la tienda de Raquel, ella los escondió sentándose sobre ellos. Una vez que terminó su búsqueda, y vino sin nada, Jacob, molesto, lo reprendió por haberlos perseguido e insistir en revisar sus cosas, recordándole todo el tiempo que habían perdido mientras revisaban las tiendas. Ambos hicieron la paz, y Laban regresó a casa, y Jacob siguió su camino.

De regreso a la Tierra Prometida
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"Y Jacob siguió su camino, y los Ángeles de Dios lo encontraron", quizás para felicitarlo por el 20 aniversario de la victoria del bien sobre el mal, debido a su fe en el Dios de Abraham. Debido a este encuentro Jacob llamó al lugar Majanaim, del hebreo מחניים, "el doble campo". Aquí, previamente él había visto a los ángeles, de los cuales había soñado verlos "subiendo y bajando en la escalera cuyo inicio alcanza los cielos" (Génesis 28:12).

Tan pronto se acercó a la Tierra Prometida, Jacob envió un mensaje a su hermano, Esaú. Sus sirvientes volvieron con la noticia de que Esaú estaba aproximándose, a encontrarse con Jacob con un ejército de 400 hombres. En gran agonía, Jacob se preparó para lo peor. Sintió que ahora debía encomendarse a Dios, a quien oró. Entonces, Jacob envió un magnífico presente a Esaú, "un regalo a mi señor Esaú, de tu sirviente Jacob".

Jacob entonces llevó a su familia y sus rebaños a través de la montaña, y cruzó en dirección a Esaú, pasando la noche a solas con Dios. Así, mientras estaba en oración, un hombre misterioso se le apareció a Jacob y luchó con él hasta el amanecer, cuando el hombre pidió ser liberado. Jacob se negó, hasta tanto el hombre no lo bendijera. El hombre, después de preguntar por su nombre, lo bendijo, y le cambió su nombre por el de Israel (ישראל, del hebreo "uno que ha luchado con Dios"). Entonces, Jacob le preguntó al hombre por su nombre, pero él se negó a contestar. Después de esto, Jacob llamó al lugar Penei-Él (פני-אל, en hebreo "la cara de Dios", diciendo: "He visto a Dios cara a cara, y he sobrevivido" (Génesis 32:30).

Después de la noche de lucha con el ángel, Jacob ve que Esaú se aproxima. Entonces sienta a sus esposas e hijos en orden, con su amada Raquel y su hijo José detrás de él (Génesis 33:3).

Esaú vino y lo encontró, pero su espíritu de venganza había sido apaciguado por el gran poder y riqueza que él había alcanzado. Aun así, Jacob se negó a viajar con Esaú o permitir que cualquier hombre de Esaú le acompañase. Entonces, Esaú siguió con toda su familia y pertenencias lejos hacia el sur de la Tierra Prometida. Jacob se estableció en Sucot por un tiempo. Mientras viajaba posteriormente a Efrata, camino de Belén, Raquel murió dando a luz a su segundo hijo, Benjamín, seis años después del nacimiento de José (Génesis 35:16-20).


Pérdida y reencuentro con José
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Isaac murió a la edad de 180 años, 44 después de que bendijera a Jacob y lo enviara a Harán a buscar esposa. En este tiempo también, José, quien contaba con 30 años, había sido liberado de prisión en Egipto y había sido nombrado Gobernador de esas tierras, sólo por debajo del Faraón.

Tiempo antes de esto, Jacob había sido profundamente "herido en su alma" con la desaparición de su hijo amado, José, quien había sido vendido a unos mercaderes por sus hermanos a causa de los celos que le guardaban (Génesis 37:33). El resto del Génesis sigue la historia del hambre y de las idas sucesivas hacia Egipto para comprar grano (Génesis 42), que llevó al descubrimiento del José perdido.

El patriarca fue a Egipto con toda su casa a pedido de su hijo José. Las escrituras dicen que Jacob llegó a residir en la tierra de Gosen, con su familia que sumaban “setenta almas” (Éxodo 1:5); (Deuteronomio 10:22).

Llegando al fin de su vida, convocó a sus hijos al lado de su lecho y los bendijo. Junto con sus últimas palabras repitió la historia de la muerte de Raquel, aunque habían pasado ya 51 años desde su deceso, "como si hubiera sucedido ayer". Entonces, "él hizo un último pedido a sus hijos, recogió sus pies en el lecho, y expiró su alma" (Génesis 49:33), a la edad de 147 años (Génesis 47:28).

El cuerpo de Jacob fue embalsamado y llevado a la tierra de Canaán, donde fue enterrado con su esposa Lea, en la Cueva de Macpelá, de acuerdo a su solicitud antes de morir


Los hijos de Jacob
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Jacob tuvo doce hijos. De su primera esposa Lea tuvo a Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón. También tuvo a su única hija Dina.

De Bilha, sierva de Raquel, tuvo a Dan y Neftalí.

De Zilpa, sierva de Lea, tuvo a Gad y Aser.

Por último, de su esposa favorita, Raquel, tuvo a José y Benjamín.

Estos comprendían las doce Tribus de Israel. Sin embargo, con Leví y José el asunto fue más complicado. Los descendientes de Leví, llamados levitas, fueron sacerdotes, y por lo tanto, no tenían tierras. Con el fin de hacer que el número de tribus fueran doce, ya que no se mencionaba a Leví, y no existía Tribu de José, se nombraron a los hijos de este último, que tuvo en Egipto con Asenat, como sustitutos: Efraím y Manasés.


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BIOGRAFIA DE ABRAHAN

La historia de Abraham se encuentra en el primer libro de la Biblia, el Libro del Génesis. Con Abraham fundó Dios en el mundo la verdadera religión.

Vivía en la ciudad de Hur, cerca de los ríos Tigris y Eufrates, cuando Dios le pidió el sacrificio de alejarse de su tierra, que era muy fértil, y de su hermosa ciudad e irse a un país desconocido y desértico, lejos de familiares y amigos. Abraham aceptó este sacrificio, y Dios en pago le prometió que sus descendientes poseerían por siempre aquel país.

Abraham deseaba tener un hijo que prolongara su familia, y Dios permitió que su esposa fuera estéril y que a la edad de 90 años Abraham todavía no lograra tener el hijo que tanto deseaba. Sin embargo Nuestro Señor le prometió que su descendencia sería tan numerosa como las arenas del mar y Abraham creyó a esta promesa de Dios, y esta fe le fue apreciada y recompensada.

Dios se le aparece en forma de viajero peregrino (acompañado de dos ángeles disfrazados también) y Abraham los atiende maravillosamente bien. Dios le promete que dentro de un año tendrá un hijo. Sara la esposa, que está oyendo detrás de una cortina, se ríe de esta promesa, porque le parece imposible ya que ellos dos son muy viejos. Dios manda que al niño le pongan por nombre "Isaac", que significa "el hijo de la sonrisa". Y cuando el jovencito tiene 12 años, Dios pide a Abraham que vaya a un monte y le ofrezca el hijo en sacrificio. Abraham acepta esto que le cuesta muchísimo y cuando ya va a matar a Isaac, un ángel le detiene la mano y oye una voz del cielo que le dice: "He visto cuán grande es tu generosidad. Ahora te prometo que tu descendencia nunca se acabará en el mundo". Y luego ve un venado enredado entre unas matas de espinas y lo ofrece en sacrificio a Dios.

Los enemigos atacaron a la ciudad donde vivía Lot, el sobrino de Abraham, llevándose a todos prisioneros. Entonces el patriarca reunió a sus obreros (318) y atacó por sorpresa a los enemigos y libertó a todos los cautivos. En acción de gracias llevó a Melquisedec, sacerdote de Jerusalén, la décima parte de todo lo que había conseguido. Desde entonces quedó la costumbre de dar para Dios y para los pobres el diezmo, o sea la décima parte de lo que cada uno gana.

Nuestro Señor le comunicó a su amigo Abraham que iba a destruir a Sodoma por que en esa ciudad se cometían pecados de homosexualidad. Abraham le rogó a Dios que no la destruyera si había allí siquiera diez personas buenas. Pero como no las había, cayó una lluvia de fuego y los mató a todos. Solo se salvó Lot, por ser el sobrino de Abraham. Pero la mujer de Lot desobedeció la orden de los ángeles y al salir de la ciudad se puso a mirar hacia atrás y quedó convertida en estatua de sal.

Abraham fue padre de Isaac, del cual nacieron Esaú y Jacob. Los hijos de Jacob se llaman los doce Patriarcas, de los cuales se formó el pueblo de Israel. Dios le cambió el nombre de Abrán, que significa "padre", por el nombre de "Abraham", que significa: padre de muchos pueblos.

La S. Biblia alaba a Abraham porque creyó contra toda esperanza y porque nunca dudó de que Dios sí cumple lo que promete, aunque parezca imposible.
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Abraham

(Del hebreo Abra-ham padre de una multitud; pero pronunciado ABRAM, quiere decir padre excelso):

Patriarca hebreo, hijo de Terah, descendiente de Sem, considerado como padre de los judíos y árabes y depositario de las promesas divinas en favor del pueblo escogido.

Nació en Ur, Caldea, unos 2266 anos antes de J.C.: después de haberse establecido en Haran con su esposa Sara, se trasladó a Siquem, a donde le mandó ir Dios, prometiéndole que sería padre de un gran pueblo. La época de este viaje es llamada por los cronólogos la vocación de Abraham. El hambre le obligó a marchar a Egipto, donde Dios se le apareció, e hizo alianza con él, mandándole que en señal de ella se circuncidase con toda su familia. Tuvo un hijo, llamado Ismael, de su esclava Agar; y su esposa Sara, que había sido estéril hasta los 92 años, le dio otro a quien puso por nombre Isaac.

Queriendo Dios probar su fe, le mandó sacrificar a este hijo; pero un ángel le detuvo el brazo en el momento en que iba a herirle y presentó un cordero blanco en lugar de la víctima que iba a inmolar. Después de la muerte de Sara; a los 127 años de edad, Abraham se casó con Keturah, de la cual tuvo otros seis hijos, y murió de edad de 175 años.

Los árabes, lo mismo que los judíos, ven en el patriarca Abraham al fundador de su raza.

De Ismael, hijo, como se ha dicho, de la sierva Agar cuyas interesantes y conmovedoras aventuras en el desierto refieren los libros del antiguo Testamento, arranca el origen y el nombre mismo de las naciones ismaelitas.

Uno y otro pueblo llevan el sello de su común origen, que es la ceremonia de la circuncisión. Si las iglesias griega y romana han colocado el nombre de Abraham entre sus más veneradas tradiciones, el Corán habla de este patriarca también con gran consideración y profundo respeto.

Varios escritores mahometanos sostienen que Abraham había hecho el viaje a la Meca en una de sus peregrinaciones, y aún afirman que él mismo había comenzado la construcción de una mezquita o lugar sagrado en esta ciudad para ellos santa.

En la historia de Abraham, como acontece de ordinario en los hechos que la tradición y la poesía toman por suyos para embellecerlos o sublimarlos, la ficción se halla mezclada y confundida con la realidad y es muy difícil en algunas ocasiones discernir con exactitud dónde termina lo acaecido y dónde comienza lo imaginado por la fantasía. Las narraciones de los rabinos han presentado esta historia más maravillosa todavía.

El historiador Flavio Josepho dio ejemplo de ello que ha producido después sus naturales frutos. Pretendió hacer del patriarca Abraham un sabio tan prodigioso, que nacido y educado en medio de idólatras, llegó por la reflexión y la contemplación de las maravillas de la naturaleza a la idea de la existencia de un solo Dios, único ser creador digno de nuestra adoración.

Por otra parte los teólogos protestantes aseguran y han sostenido siempre que el principio monoteísta en el pueblo judío no se remonta más allá de Moisés, de cuyas legislaciones, religiosa, política y civil arranca el reconocimiento de un solo y único Dios.

Algunos rabinos modernos han pretendido atribuir a Abraham el libro Jézira, o de la creación; pero otros, a nuestro juicio con más fundamento, han revindicado la paternidad de su libro para el famoso Akiba.

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Matías el Apóstol

viernes, 22 de enero de 2010

Apóstol Matías
Era uno de los seguidores de Jesús de Nazaret.

Según los Hechos de los Apóstoles, fue elegido apóstol después de la muerte de Jesucristo para sustituir a Judas Iscariote. Su elección se realizó por sorteo.


Nombre y Elección
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Discípulo de Jesús que, por la defección de Judas Iscariote, entró, a la muerte de éste, a formar parte del grupo apostólico. Su nombre significa regalo de Yahvé, lo mismo que el de Matatías (1 Mach 2,1) y Mateo. Todos ellos derivan de una dicción hebrea a la que se añade la forma apocopada del nombre de Yahvé, resultando mattityanu (Matatías), que a su vez se abrevia de dos maneras: mattay (Mateo) y mattiyctn (Matías). El entronque filológico y el significado de los dos últimos nombres ocasionó confusión entre los varios individuos de este nombre

Aparece Matías en el Nuevo Testamento cuando entró en el grupo de los Doce (Hechos 1,21-26). Según los requisitos exigidos en este texto Matías debió de ser un discípulo de la primera hora y, en términos generales, seguir, en compañía de los Doce, las incidencias de la vida y ministerio de Jesús, de cuyos hechos y doctrinas debía dar testimonio; lo cual da cierta verosimilitud a la noticia de Eusebio (Hist. Ecl., 1,12.3: PG 20,117) sobre la posibilidad de que Matías fuese uno de los «Setenta» (Lc 10,1). Tal vez fue testigo de la Resurrección de Jesús, y pudo presenciar alguna aparición del mismo.

A la muerte de Jesús, y a los pocos días de la Ascensión, San Pedro reunido con la comunidad cristiana (unas 120 almas) en Jerusalén explicó que, según estaba previsto en las Escrituras (Salmos 69:25), uno de los Apóstoles había prevaricado (Hechos 1:17-25), y que otro había de reemplazarle: "Sean sus días pocos, tome otro su oficio" (Salmos 109:8); por tanto, se imponía una elección. Se propusieron dos nombres: «José, por sobrenombre Barsaba, llamado Justo, y Matías».

Se pronunció una oración dirigida al Señor para que manifestase su voluntad acerca de elección del nuevo Apóstol, lo mismo que antaño con la de los Doce primeros (Mc 3,13-19, par.), y se dejó al procedimiento de las suertes, corriente ya en el Antiguo Testamento (cfr. los 7,14.16; 14,2; lo 1,7), la manifestación de dicha voluntad. Ésta fue que la vacante de Judas la cubriese Matías.

¿Por qué «era necesario» nombrar uno para el puesto de Judas? Cuando Santiago el Mayor murió hacia el a. 44 (Hechos 12,2) no se nombró otro en su lugar, ni Pablo de Tarso fue nunca considerado su sustituto. Los «Doce Apóstoles» elegidos por Jesús lo son para el presente y para el futuro, cuando «juzguen (como nuevos «doce» patriarcas) las doce tribus de Israel» (Mt 19,28; Le 22,31); y por su número ellos expresan una plenitud que, en este caso, representa la plenitud del Pueblo de Dios. Por la primera razón, Santiago al morir no dejó ninguna vacante, no terminó su apostolado; mientras que la traición de Judas y su muerte sin arrepentimiento eficaz fueron interpretadas como una deserción, un «apartarse» (parabáinein; Hechos 1,25), un «dejar su lugar desierto» (Hechos 1,20); la necesidad de un nuevo Apóstol nacía no de la muerte de Judas sino de su deserción. Por la segunda razón, era necesario completar el número de «doce».


Actividad de Matías
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Existen tradiciones, a veces contradictorias, acerca del resto de su vida. Nicéforo Calixto (Hist. Ecl., 11,40: PG 145,865) refiere lo siguiente: «Matías, que rellenó la docena, atracó en Etiopía primeramente, y después... de haber llevado las multitudes a Cristo, con ánimo valeroso, recibió la corona del martirio» (cfr. Clemente de Alejandría, Stromata, IV,9.71: PG 8,1281). Otras leyendas se encuentran en los Actos de Andrés y Matías.


Se le Atribuyen tres Escritos Apócrifos:
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a) un Evangelio de Matías al que se refiere Orígenes: «corre también el evangelio según Tomás y el según Matías» (Hom. in Lucam, I: PG 13,1803). Un testimonio de Eusebio (Híst. Ecl., 111,25.6: PG 28,269) alude al mismo y algunos entienden que habla también de sus actos;

b) las Tradiciones de Matías, de las que Clemente Alejandrino cita tres sentencias (Stromata, 11,9.45: PG 8,981; 4.26: PG 8,1132; VII,13.82: PG 9,513; cfr. ib. IV,6.35: PG 8,1248 lo que se dice de Zaqueo o «Matías»). Estos dos escritos tal vez proceden de la primera mitad del s. II;

c) Clemente de Alejandría (Stromata, VII,17.108: PG 9,552) e Hipólito Romano (Refutación, VII,20.1: PG (Orígenes) 16 (3 parte) 3.302) hablan de «palabras secretas» que Matías recibió del Salvador y comunicó a Basílides y otros gnósticos del s. II. La investigación no llega a establecer hasta qué punto estos tres escritos son una sola o diversas obras, ni si es Matías o Mateo el «escritor» del Libro de Tomás con sus «secretas palabras» proveniente de Nag Hamadi (cfr. J. Doresse, Les livres secrétes des gnostiques d'Égypte, París 1958). En los Acta Apostolorum Apocryphta, II,I,65-116, editados por M. Bonnet en Leipzig 1891-98 (reimp. 1959), figura en griego Los Actos de Andrés y Matías en el país de los antropófagos (¿obra del s. VI?)
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APOSTOL TIMOTEO

Timótheos, "alguien que reverencia [honra] a Dios" o "adorando [honrando]
a Dios".

Converso de Pablo, además de su compañero de viaje y asistente. Se lo menciona
por 1a vez en relación con la visita de Pablo a Listra en su 2° viaje misionero
(c 49 d.C.), cuando Timoteo ya era creyente cristiano (Hch. 16:1).

Parece queél y los miembros de su familia fueron convertidos por Pablo en ocasión de
la visita del apóstol a esa ciudad (Hch. 14:8-18; cf 1 Ti. 1:2; 2 Ti. 1:1, 2, 5). Era medio "judío" por parte de madre y medio "griego" por parte de padre
(Hch. 16:1), pero fue bien instruido en materia religiosa y en las Escrituras
del AT por 2 mujeres piadosas: su madre Eunice y su abuela Loida (Hch. 16:1; 2
Ti. 1:5; 3:15). Como joven cristiano, Timoteo se había ganado una excelente
reputación entre los creyentes de Listra y de la cercana Iconio (Hch. 16:2), y,
al ver en él un promisorio obrero para Dios, Pablo decidió vincularlo consigo
como aprendiz de misionero.

"Por causa de los judíos que había en aquellos lugares", Pablo circuncidó a Timoteo para evitar conflictos innecesarios acercade esos asuntos (v 3; parece que su padre se opuso). El joven acompañó a Pablo mientras éste volvía a visitar las iglesias de la región (vs 4, 5), y también al penetrar en "Frigia y la provincia de Galacia" (v 6); asimismo cuando fue a Troas (vs 8, 9), y al llevar el evangelio a las grandes ciudades de Macedonia: Filipos, Tesalónica y Berea (cps 16:9-17:14). Al verse inesperadamente forzado a huir de Berea hacia Atenas, Pablo dejó a Timoteo y a Silas allí (17:14), pero en cuanto llegó a esta última ciudad les pidió que se unieran a él (vs 15, 16).

El apóstol inmediatamente envió a Timoteo a Tesalónica para fortalecer a los
nuevos conversos de esa ciudad (1 Ts. 3:1, 2), por lo que Silas y Timoteo no se
volvieron a encontrar con él hasta más tarde en Corinto (Hch. 18:5; 1 Ts. 1:1;
3:6; 2 Ts. 1:1). Es muy posible que Timoteo permaneciera en Grecia cuando
Pablo regresó a Jerusalén al año siguiente.

Volvemos a saber de Timoteo unos 4 ó 5 años más tarde, durante los 3 años que
duró el ministerio de Pablo en Efeso, cuando el apóstol lo envió por el Mar
Egeo para que tratara de solucionar ciertos problemas que habían surgido en la
iglesia de Corinto (1 Co. 4:17); una misión que aparentemente no fue tan
exitosa como se podría haber esperado, dada la severidad del tono de la 2a
parte de 2 Co. (cf 1 Co. 16:10). Lucas menciona que Timoteo y Erasto fueron
enviados a Macedonia (Hch. 19:21, 22).

Pablo los siguió poco después (2 Co.1:1), y se reunieron en Corinto (Ro. 16:21), quizá durante el invierno del 57 ó 58 d.C. En el curso de la primavera siguiente, el apóstol, Timoteo y otros comenzaron el viaje de regreso a Jerusalén, con lo que terminó el 3er viaje misionero (Hch. 20:4). No se sabe si Timoteo estuvo con Pablo durante la prisión del apóstol en Jerusalén y Cesarea, y durante su viaje a Roma.

Nuevamente oímos sobre Timoteo durante el 1er encarcelamiento de Pablo en Roma
(c 61-63 d.C.), tal vez hacia su fin, cuando el apóstol lo menciona, entre otros compañeros suyos, en las epístolas que escribió cuando se encontraba en
la cárcel (Fil. 1:1; 2:19-23; Col. 1:1; Flm. 1). Durante el período que transcurrió entre su 1er encarcelamiento y el 2° (c 63-66 d.C.), le escribió a Timoteo su 1a epístola, 1161 quizá c 64 d.C. Cuando Pablo se fue a Macedonia (1 Ti. 1:3), le pidió que permaneciera en Efeso, aparentemente como pastor de la iglesia de esa ciudad; la epístola contiene las instrucciones que se le dan en vista de ese cargo. Pero c 66 d.C.

Pablo fue detenido de nuevo y llevado a Roma, y hacia el fin de su 2° encarcelamiento le escribió por 2a vez instándolo a que se reúna con él pronto (2 Ti. 4:9), puesto que sus otros compañeros habían salido para cumplir determinados cometidos en un lugar o en otro, y por lo menos uno de ellos lo había abandonado (vs 10-13). En su 1a audiencia Pablo estuvo solo (v 16), y ahora, al sospechar que pronto sería ajusticiado (vs 6-8), anhelaba gozar de comunión con su "amado hijo" Timoteo. En He. 13:23 se dice que Timoteo había sido puesto en libertad, pero fuera de esta alusión nada sabemos acerca de ese encarcelamiento. Véanse Corintios, Epístolas a los; Cronología (IX, 7).
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APORTOL BARTOLOME

A este santo (que fue uno de los doce apóstoles de Jesús) lo pintaban los antiguos con la piel en sus brazos como quien lleva un abrigo, porque la tradición cuenta que su martirio consistió en que le arrancaron la piel de su cuerpo, estando él aún vivo.

Parece que Bartolomé es un sobrenombre o segundo nombre que le fue añadido a su antiguo nombre que era Natanael (que significa "regalo de Dios") Muchos autores creen que el personaje que el evangelista San Juan llama Natanael, es el mismo que otros evangelistas llaman Bartolomé. Porque San Mateo, San Lucas y San Marcos cuando nombran al apóstol Felipe, le colocan como compañero de Felipe a Natanael.


El encuentro más grande de su vida
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El día en que Natanael o Bartolomé se encontró por primera vez a Jesús fue para toda su vida una fecha memorable, totalmente inolvidable. El evangelio de San Juan la narra de la siguiente manera: "Jesús se encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme". Felipe se encontró a Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquél a quien anunciaron Moisés y los profetas. Es Jesús de Nazaret". Natanael le respondió: " ¿Es que de Nazaret puede salir algo bueno?" Felipe le dijo: "Ven y verás". Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: "Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" Natanael le preguntó: "¿Desde cuando me conoces?" Le respondió Jesús: "antes de que Felipe te llamara, cuando tú estabas allá debajo del árbol, yo te vi". Le respondió Natanael: "Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel". Jesús le contestó: "Por haber dicho que te vi debajo del árbol, ¿crees? Te aseguró que verás a los ángeles del cielo bajar y subir alrededor del Hijo del Hombre." (Jn. 1,43 ).

Felipe, lo primero que hizo al experimentar el enorme gozo de ser discípulo de Jesús fue ir a invitar a un gran amigo a que se hiciera también seguidor de tan excelente maestro. Era una antorcha que encendía a otra antorcha. Pero nuestro santo al oír que Jesús era de Nazaret (aunque no era de ese pueblo sino de Belén, pero la gente creía que había nacido allí) se extrañó, porque aquél era uno de los más pequeños e ignorados pueblecitos del país, que ni siquiera aparecía en los mapas. Felipe no le discutió a su pregunta pesimista sino solamente le hizo una propuesta: "¡Ven y verás que gran profeta es!"


Una revelación que lo convenció.
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Y tan pronto como Jesús vio que nuestro santo se le acercaba, dijo de él un elogio que cualquiera de nosotros envidiaría: "Este si que es un verdadero israelita, en el cual no hay engaño". El joven discípulo se admira y le pregunta desde cuándo lo conoce , y el Divino Maestro le añade algo que le va a conmover: "Allá, debajo de un árbol estabas pensando qué sería de tu vida futura. Pensabas: ¿Qué querrá Dios que yo sea y que yo haga? Cuando estabas allá en esos pensamientos, yo te estaba observando y viendo lo que pensabas". Aquélla revelación lo impresionó profundamente y lo convenció de que este sí era un verdadero profeta y un gran amigo de Dios y emocionado exclamó: "¡Maestro, Tú eres el hijo de Dios! ¡Tú eres el Rey de Israel! ¡Maravillosa proclamación! Probablemente estaba meditando muy seriamente allá abajo del árbol y pidiéndole a Dios que le iluminara lo que debía de hacer en el futuro, y ahora viene Jesús a decirle que El leyó sus pensamientos. Esto lo convenció de que se hallaba ante un verdadero profeta, un hombre de Dios que hasta leía los pensamientos.

Y el Redentor le añadió una noticia muy halagadora. Los israelitas se sabían de memoria la historia de su antepasado Jacob, el cuál una noche, desterrado de su casa, se durmió junto a un árbol y vio una escalera que unía la tierra con el cielo y montones de ángeles que bajaban y subían por esa escalera misteriosa. Jesús explica a su nuevo amigo que un día verá a esos mismos ángeles rodear al Hijo del Hombre, a ese salvador del mundo, y acompañarlo, al subir glorioso a las alturas.

Desde entonces nuestro santo fue un discípulo incondicional de este enviado
de Dios, Cristo Jesús que tenía poderes y sabiduría del todo sobrenaturales. Con los otros 11 apóstoles presenció los admirables milagros de Jesús, oyó sus sublimes enseñanzas y recibió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.

El libro muy antiguo, y muy venerado, llamado el Martirologio Romano, resume así la vida posterior del santo de hoy: "Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y después le cortaron la cabeza".

Para Bartolomé, como para nosotros, la santidad no se basa en hacer milagros, ni en deslumbrar a otros con hazañas extraordinarias, sino en dedicar la vida a amar a Dios, a hacer conocer y amar mas a Jesucristo, y a propagar su santa religión, y en tener una constante caridad con los demás y tratar de hacer a todos el mayor bien posible.
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Bartolomé el Apóstol

Bartolomé fue uno de los Apóstoles de Jesús. Su nombre (en griego Βαρθολομαίος) procede del patronímico arameo bar-Tôlmay, "hijo de Tôlmay" o "hijo de Ptolomeo". Es mencionado en los tres evangelios sinópticos, siempre en compañía de Felipe (Mateo 10:3; Marcos 3:18; Lucas 6:14). En el Evangelio de Juan, donde no aparece con el nombre de Bartolomé, se le ha identificado con Nathanaël, que también es relacionado siempre con Felipe. Louis Réau considera que su nombre procede de la unión de bar (hijo) y Ptolomeo siendo, por tanto, descendiente de la Dinastía Ptolemaica. Santiago de la Vorágine añade acerca de su figura que “se mantuvo ajeno al amor de las cosas en este mundo, vivió pendiente de los amores celestiales y toda su vida permaneció apoyado en la gracia y auxilio divino, no sosteniéndose en sus propios méritos sino sobre la ayuda de Dios”.


Fuentes bíblicas
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Según el Evangelio de Juan, Natanaël fue uno de los discípulos a los que Jesús se apareció en el Mar de Tiberiades después de su resurrección (Juan 21:2). Según los Hechos de los Apóstoles, fue también testigo de la ascensión de Jesús (Hechos 1:13).

Según una tradición recogida por Eusebio de Cesarea, Bartolomé marchó a predicar el evangelio a la India, donde dejó una copia del Evangelio de Mateo en arameo. La tradición armenia le atribuye también la predicación del cristianismo en el país caucásico, junto a Judas Tadeo. Ambos son considerados santos de la Iglesia Apostólica Armenia.


Iconografía
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La imagen de Bartolomé a lo largo de la Historia del Arte ha sufrido escasas modificaciones siendo común la representación del santo en el momento del martirio, siendo desollado, bien sobre un potro o atado a un árbol. También se le ha representado obrando milagros: resucitando a los hijos del rey Polimio y liberando a la hija de éste poseída por el demonio, en escasas ocasiones aparece siendo flagelado. En el arte suele representársele con un gran cuchillo, aludiendo a su supuesto martirio, según el cual fue desollado vivo, razón por la que es el patrón de los curtidores. En relación también con su martirio aparece en ocasiones despellejado, mostrando su piel cogida en el brazo como si se tratara de una prenda de vestir.[1] En la época Barroca es común verlo representado como apóstol, con largo manto blanco, asiendo las escrituras sagradas y mostrando el cuchillo.


Martirio
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Su martirio y muerte se atribuyen a Astiages, rey de Armenia y hermano del rey Polimio que San Bartolomé había convertido al cristianismo. Como los sacerdotes de los templos paganos, que se estaban quedando sin clientela, protestaran ante Astiages de la labor evangelizadora de Bartolomé, Astiages mandó llamarlo y le ordenó que adorara a sus ídolos, tal como él había hecho con su hermano. Ante la negativa de Bartolomé, el rey ordenó que fuera martirizado en su presencia hasta que renunciase a su dios o muriese.
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Esteban (Apostol martir)

jueves, 21 de enero de 2010

Esteban era de origen judío. Su nombre significa: "coronado" (Esteb: corona) Dio honra a su nombre coronando su vida con el martirio.

Se le llama "protomartir" porque tuvo el honor de ser el primer mártir que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo. Se desconoce por completo su conversión al cristianismo. La S. Biblia se refiere a él por primera vez en los Hechos de los Apóstoles. Narra que en Jerusalén hubo una protesta de las viudas helenistas (de origen griego).

Las viudas decían que, en la distribución de la ayuda diaria, se les daba mas preferencia a los que eran de Israel, que a los pobres del extranjero. Cuando esa comunidad creció, los apóstoles, para no dejar su labor de predicar, confiaron el servicio de los pobres a siete ministros de la caridad llamados diáconos (que significa "ayudante", "servidor", grado inmediatamente inferior al sacerdote). Estos fueron elegidos por voto popular, por ser hombres de buena conducta, llenos del Espíritu Santo y de reconocida prudencia. Los elegidos fueron Esteban, Nicanor y otros. Esteban además de ser administrador de los bienes comunes, no renunciaba a anunciar la buena noticia. La palabra del Señor se difundió y el número de discípulos se multiplicó extraordinariamente en Jerusalén; también un gran número de sacerdotes se sometieron a la fe.

Esteban hablaba de Jesucristo con un espíritu tan sabio que ganaba los corazones y los enemigos de la fe no podían hacerle frente. Al ver los ancianos la influencia que ejercía sobre el pueblo, lo llevaron ante el Tribunal Supremo de la nación llamado Sanedrín y, recurriendo a testigos falsos que lo acusaron de blasfemia contra Moisés y contra Dios. Estos afirmaron que Jesús iba a destruir el templo y a acabar con las leyes, puesto que Jesús de Nazaret las había sustituido por otras. Todos los del tribunal, al observarlo, vieron que su rostro brillaba como el de un ángel. Por esa razón, lo dejaron hablar, y Esteban pronunció un poderoso discurso recordando la historia de Israel.


Contenido del discurso de Esteban: (Hechos 7, 2-53)
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Demostró que Abraham, el padre y fundador de su nación, había dado testimonio y recibido los mayores favores de Dios en tierra extranjera; que a Moisés se le mandó hacer un tabernáculo, pero se le vaticinó también una nueva ley y el advenimiento de un Mesías; que Salomón construyó el templo, pero nunca imaginó que Dios quedase encerrado en casas hechas por manos de hombres. Afirmó que tanto el Templo como las leyes de Moisés eran temporales y transitorias y debían ceder el lugar a otras instituciones mejores, establecidas por Dios mismo al enviar al mundo al Mesías.

Demostró no haber blasfemado contra Dios, ni contra Moisés, ni contra la ley o el templo; que Dios se revela también fuera del Templo. Confrontó a sus acusadores con estas palabras: (Hch 7, 51-54)

¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo! ¡Como vuestros padres, así vosotros! ¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que anunciaban de antemano la venida del Justo, de aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y asesinado; vosotros que recibisteis la Ley por mediación de ángeles y no la habéis guardado.

La reacción de Esteban y sus enemigos pone en relieve que se trata de una batalla espiritual, cada bando con sus características propias: Dios y el demonio (54-60)

Al oír esto, sus corazones se consumían de rabia y rechinaban sus dientes contra él. Pero él (Esteban), lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios; y dijo: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios.» Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una sobre él; le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras le apedreaban, Esteban hacía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.» Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y diciendo esto, se durmió.

La violencia contra Esteban se propagó contra toda la Iglesia (Hch 8,1-3)
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Saulo aprobaba su muerte. Aquel día se desató una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, a excepción de los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria. Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Entretanto Saulo hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas, se llevaba por la fuerza hombres y mujeres, y los metía en la cárcel.

Las circunstancias del martirio indican que la lapidación de San Esteban no fue un acto de violencia de la multitud sino una ejecución judicial. De entre los que estaban presentes consintiendo su muerte, uno, llamado Saulo, el futuro Apóstol de los Gentiles, supo aprovechar la semilla de sangre que sembró aquel primer mártir de Cristo.

Los restos de Esteban fueron encontrados por el sacerdote Luciano en Gamala de Palestina, en diciembre del año 415. El hallazgo suscitó gran conmoción en el mundo cristiano. Las reliquias se distribuyeron por todo el mundo, lo cual contribuyó a propagar el culto de San Esteban, obrando Dios numerosos milagros por la intercesión del protomartir.

El lugar del martirio de Esteban, en Jerusalén, se sitúa tradicionalmente algo más afuera de la Puerta de Damasco, en el norte, donde ahora se encuentra precisamente la iglesia de Saint- Étienne, junto a la conocida «École Biblique» de los dominicos. Al asesinato de Esteban, primer mártir de Cristo, le siguió una persecución local contra los discípulos de Jesús (Hechos 8, 1), la primera que se verificó en la historia de la Iglesia. Constituyó la oportunidad concreta que llevó al grupo de cristianos hebreo-helenistas a huir de Jerusalén y a dispersarse.

Expulsados de Jerusalén, se transformaron en misioneros itinerantes. «Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Buena Nueva de la Palabra» (Hechos 8, 4). La persecución y la consiguiente dispersión se convierten en misión. El Evangelio se propagó de este modo en Samaria, en Fenicia, y e Siria, hasta llegar a la gran ciudad de Antioquía, donde, según Lucas, fue anunciado por primera vez también a los paganos (Hechos 11, 19-20) y donde resonó por primera vez el nombre de «cristianos» (Hechos 11,26).

En particular, Lucas especifica que los que lapidaron a Esteban «pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo» (Hechos 7, 58), el mismo que de perseguidor se convertiría en apóstol insigne del Evangelio. Esto significa que el joven Saulo tenía que haber escuchado la predicación de Esteban, y conocer los contenidos principales. Y San Pablo se encontraba con probabilidad entre quienes, siguiendo y escuchando este discurso, «tenían los corazones consumidos de rabia y rechinaban sus dientes contra él» (Hechos 7, 54).

Podemos ver así las maravillas de la Providencia divina: Saulo, adversario empedernido de la visión de Esteban, después del encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco, reanuda la interpretación cristológica del Antiguo Testamento hecha por el primer mártir, la profundiza y completa, y de este modo se convierte en el «apóstol de las gentes». La ley se cumple, enseña él, en la cruz de Cristo. Y la fe en Cristo, la comunión con el amor de Cristo, es el verdadero cumplimiento de toda la Ley. Este es el contenido de la predicación de Pablo. Él demuestra así que el Dios de Abraham se convierte en el Dios de todos. Y todos los creyentes en Cristo Jesús, como hijos de Abraham, se convierten en partícipes de las promesas. En la misión de san Pablo se cumple la visión de Esteban.

Lo más importante es que, además de los servicios caritativos, Esteban desempeña también una tarea de evangelización entre sus compatriotas, los así llamados «helenistas». Lucas, de hecho, insiste en el hecho de que él, «lleno de gracia y de poder» (Hechos 6, 8), presenta en el nombre de Jesús una nueva interpretación de Moisés y de la misma Ley de Dios, relee el Antiguo Testamento a la luz del anuncio de la muerte y de la resurrección de Jesús. Esta relectura del Antiguo Testamento, relectura cristológica, provoca las reacciones de los judíos que interpretan sus palabras como una blasfemia (Hechos 6, 11-14). Por este motivo, es condenado a la lapidación. Y san Lucas nos transmite el último discurso del santo, una síntesis de su predicación.

Como Jesús había explicado a los discípulos de Emaús que todo el Antiguo Testamento habla de Él, de su cruz y de su resurrección, de este modo, Esteban, siguiendo la enseñanza de Jesús, lee todo el Antiguo Testamento en clave cristológica. Demuestra que el misterio de la Cruz se encuentra en el centro de la historia de la salvación narrada en el Antiguo Testamento, muestra realmente que Jesús, el crucificado y resucitado, es el punto de llegada de toda esta historia. Y demuestra, por tanto, que el culto del templo también ha concluido y que Jesús, el resucitado, es el nuevo y auténtico «templo». Precisamente este «no» al templo y a su culto provoca la condena de san Esteban, quien, en ese momento --nos dice san Lucas--, al poner la mirada en el cielo vio la gloria de Dios y a Jesús a su derecha. Y mirando al cielo, a Dios y a Jesús, san Esteban dijo: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios» (Hechos 7, 56). Le siguió su martirio, que de hecho se conforma con la pasión del mismo Jesús, pues entrega al «Señor Jesús» su propio espíritu y reza para que el pecado de sus asesinos no les sea tenido en cuenta (Hechos 7,59-60).


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Apostol Esteban (mártir)

Esteban, diácono y protomártir, es decir el primer mártir cristiano.

Tenemos noticias de este santo a través de los relatos que encontramos en el libro los Hechos de los Apóstoles. Era judío y helenista de la Diáspora.

Es uno de los siete diáconos seleccionados para solucionar la queja de los helenistas en la primitiva Iglesia cuando aparentemente se abandonaba la atención a las mujeres y niños cristianos provenientes del paganismo, mientras que aparentemente se daba una mayor atención y cuidado a los judíos convertidos a la nueva fe. El nombre de Esteban proviene del griego Stephanos, que significa "corona".

Estos siete diáconos por su nombre y propósito parecen ser de origen griego y tenían como misión el servicio de las mesas, es decir descargar de los trabajos materiales a los apóstoles.


Esteban era vehemente en su predicación y convertía a muchos judíos a la fe cristiana incluso sacerdotes.

Al ver esto, los ancianos y jefes de algunas sinagogas empezaron a elaborar planes para vencerlo y desacreditarlo.

En un principio quisieron discutir con él pero terminaban vencidos. Por último lo acusaron ante el Sanedrín de blasfemia contra Moisés y contra Dios. Esteban por dar testimonio de Jesús resucitado murió apedreado en las afueras de Jerusalén. Mientras lo ejecutaban oraba por sus verdugos.

Saulo que posteriormente se conocerá como el apóstol Pablo era un joven que estaba presente en aquellos momentos, aunque aparentemente no participó en el apedreamiento y se limitaba a cuidar la ropa de los que lo hacían.

Murió apedreado y diciendo: "Señor, no le tomes en cuenta este pecado". Y habiendo dicho esto, murió.
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El profeta Nahum

Acerca del autor y de la fecha en que fue escrito el libro
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La vida de NAHÚM nos es completamente desconocida, por los datos que aporta su libro de le suele fechar entre la toma de Tebas, saqueada por Asurbanípal (668-627 a.C.) y la destrucción de Nínive (612 a.C.)como también la ubicación de Elcós, su ciudad de origen. Con una fuerza lírica que no tiene parangón en la Biblia, este profeta describe y celebra la caída de Nínive, capital del Imperio asirio, ocurrida en el 612 a. C. Durante mucho tiempo, Asiria había sido sinónimo de crueldad y de terror entre los países del cercano Oriente. Es natural, entonces, que todos los pueblos se alegraran por su caída, y es como el portavoz de esa alegría desbordante.

Pero su canto de júbilo encierra, a la vez, un himno de alabanza a Dios, el Señor de la historia, que desbarata todas las pretensiones humanas y libera a su Pueblo. Los ejércitos que derrotaron a Nínive, el prototipo del imperialismo opresor y el enemigo tradicional de Israel, eran el instrumento del juicio de Dios, que tarde o temprano castiga a los culpables.

El triunfo definitivo del Señor sobre todas las fuerzas del mal, prefigurado en la ruina de Nínive, y el gozo de los elegidos en la Jerusalén celestial, encontraron su expresión cristiana más elocuente en el libro del Apocalipsis.

El hecho de que el reino de las diez tribus (al cual pertenecía Galilea) ya estaba bajo el dominio de los Asirios en la época de Nahum, y de que éste dirigió sus mensajes directamente al reino de Judá (1:15b) podría dar crédito a la última posibilidad.

En el libro de Nahum no encontramos indicaciones, ni exactas ni aproximadas, acerca del tiempo en que fue escrito. Sin embargo, el capítulo 3: 8-10 menciona la destrucción de No de Ammon (Tebas), capital del Alto Egipto. Esto tuvo lugar en el 663 a.C. por Asurbanipal, rey de los Asirios. Nínive fue destruida por los Medos bajo el reinado de Ciaxares y por los babilonios bajo el reinado de Nabopolasar en el 612 a.C. El ministerio de Nahum podría situarse entre esos dos eventos.

Nahum no es mencionado en ningún otro lado de las Escrituras. Sin embargo, leemos en Romanos 10:15: “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” Este versículo presenta una expresión muy similar a las de Isaías 52:7 y Nahum 1:15, lo cual los vincula entre sí.


El propósito del libro
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El objetivo de la profecía de Nahum era anunciar el juicio sobre Nínive. Jonás ya había profetizado acerca de Nínive, pero él había vivido 150 años antes que Nahum. En el libro de Jonás la gracia de Jehová triunfa, mientras que en el de Nahum sólo se anuncia la justa ira de Dios y la inevitable destrucción de esta ciudad impía. La visión de Nahum está enfocada sobre este enemigo del pueblo de Dios; es muy sorprendente que no se mencione nada acerca de los pecados de Israel y de Judá. Efectivamente, al tiempo que es anunciada la santa y justa ira de Dios contra los enemigos, el pueblo de Dios recibe palabras reconfortantes (1:12-15). En el capítulo 1 (el cual es similar a un salmo), vemos a Dios celoso y vengador en toda su majestad. Los dos capítulos siguientes profetizan con exactitud la caída y destrucción de Nínive.

Como la mayoría de los libros proféticos, el libro de Nahum también está escrito en hebreo poético. Sin embargo, esta poesía se pierde con la traducción. Algunos estudiosos creen encontrar un estilo acróstico en el capítulo 1: 2-8, en el cual los versículos comenzarían siguiendo el alfabeto hebreo, pero otros investigadores dudan de esto. En general, puede apreciarse un lenguaje poderoso y rico en imágenes, por lo que Nahum es llamado «autor clásico de la poesía hebrea» (comparar con «Poesía hebrea», Libro de los Salmos, 3. peculiaridades).


Peculiaridades
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Nínive fue la capital del Imperio Asirio. Su fundador fue Nimrod, quien vivió poco tiempo después del diluvio. Entre Asiria y Babilonia siempre hubo rivalidad. Babilonia es figura del poder mundano vestido religiosamente. Asiria representa lo altivo, cruel y violento de un mundo que no reconoce nada fuera de su propia importancia.

Nínive alcanzó gran renombre alrededor del 900 a.C. Salmanasar III de Asiria venció al rey Acab de Israel en la batalla de Karcar, cerca del 843 a.C. Según una inscripción hecha en el Obelisco negro de Salmanasar, el rey Jehú también fue tributario de este rey asirio. Sin embargo, las escrituras no mencionan esto. Jonás fue enviado a Nínive cerca del 800 a.C. a fin de que sus pobladores dejaran sus crueles caminos. Las dos tribus y media de Rubén, Gad y Manases, establecidas en la orilla oriental del Jordán, fueron deportadas por Tiglad-pilser en el 734 a.C., y en el 722 a.C. todo el reino septentrional de Israel fue llevado a la cautividad bajo los reinados de Salmanasar V y Sargon (2.º Reyes 17). Senaquerib atacó al reino de Judá alrededor del 701 a.C, en tiempos del rey Ezequías, pero tuvo que retornar a su tierra sin haber logrado su objetivo. Después de la muerte de Asurbanipal (quien había conquistado Tebas, Egipto, en 663 a.C.), el poder de Asiria y Nínive declinó mucho. Finalmente, la gran ciudad fue conquistada y totalmente destruida en el año 612 a.C. por los Medos bajo el reinado de Ciaxares y por los babilonios bajo el reinado de Nabopolasar. Recién en el siglo XIX, las ruinas de Nínive fueron excavadas hallándose sus majestuosos edificios, esculturas y la biblioteca de Asurbanipal, que tenía más de 20.000 tablas de arcilla.

Dios había utilizado a Asiria como vara de su ira para castigar a su culpable pueblo de Israel, pero, finalmente, esta vara debía ser castigada por su soberbia y su malicia (Isaías 10: 5-19; Ezequiel 31: 3-17; Sofonías 2:13). Algunas referencias acerca de Asiria se completarán con seguridad en el futuro. El rey de Asiria vendrá nuevamente contra Israel y Egipto y encontrará su fin en Palestina. Es sorprendente saber que Asiria compartirá las bendiciones del milenio con Israel y Egipto, según Isaías 19:23-25, sin su destruida e impía capital de Nínive.


Resumen del contenido
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I. Nahum 1: El juicio es anunciado: Dios es justo.

II. Nahum 2: El juicio es ejecutado: Nínive es destruida.

III. Nahum 3: Los motivos del juicio: la culpabilidad de Nínive.


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PROFETA HABACUC

miércoles, 20 de enero de 2010

Habacuc (חֲבַקּוּק de jabaq abrazar) es el nombre de un profeta hebreo y del libro de la Biblia cuya autoría se le atribuye y que de acuerdo con los expertos se escribió cerca del año 612 a. C., puesto que Habacuc 1:6 se refiere al surgimiento de los Caldeos como potencia internacional, lo cual se relaciona con la caída de Nínive y el fin del poder de Asiria. Esta referencia significaría también que el libro se escribió antes del 605 a. C. pues no se da noticia la primera invasión los babilonios a Judea.

La primera parte del libro de Habacuc (1:1 a 2:4) expone en un diálogo con Yahvéh, el drama de los poderes humanos, políticos y económicos, ansiosos por conquistar pueblos, territorios y riquezas y como consecuencia las víctimas tiranizadas, saqueadas y masacradas. El profeta asume la vocería de las víctimas y clama por la redención. Expresa la certeza de la intervención de Yahvéh en favor de los débiles y ratifica que la visión profética se cumplirá en una fecha concreta y si se tarda hay que esperarla, porque vendrá ciertamente y el justo por su fe vivirá (Habacuc 2:3-4).

La segunda parte (2.5 a 2:20) es una colección de condenas a los explotadores, opresores e idólatras. El rechazo a la ganancia injusta y a la avaricia se expresa en estilo literario que prepara la tercera parte (capítulo 3), un cántico de gran belleza a la salvación de Yahvéh, cuya elevada calidad literaria ha hecho pensar a varios críticos que se trata de la obra de un autor diferente al de las dos primeras partes.


HABACUC: profetizó hacia el año 600 antes de Cristo. Como la situación del pueblo de Israel es tan amarga en ese tiempo, Habacuc le pregunta al Señor Dios: ¿Por qué nos sucede todo esto? Y Dios le responde: "todo tiene su fin, y cada problema tendrá su solución".

Habacuc fue el que escribió aquella famosa frase: "El justo vive por la fe" y repite frecuentemente: "¡Ay de los que se dedican a obrar el mal! ¡Ay de los que olvidan a Dios! ¡Ay de los que consiguen ganancias mal adquiridas!, etc."


HABACUC: LA HISTORIA EN LAS MANOS DE DIOS
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El nombre Habacuc quiere decir "el que abraza, pero no en el sentido romántico, sino en el sentido de consolar y este es un gran libro de consuelo. El consuelo posiblemente sea el problema más penoso con el que se tienen que enfrentar los seres humanos: es decir, el gran interrogante de por qué Dios permite que sucedan ciertas cosas. No conozco una pregunta más actual e importante que esta. Al leer esta profecía de Habacuc descubrirá usted que el problema con el que tuvo que contender y sobre el cual acabó por averiguar la respuesta, hizo posible que se convirtiese en consolador y en uno que podía abrazar a su pueblo en su sufrimiento, y es exactamente el mismo problema con el que nos enfrentamos nosotros actualmente. Porque el profeta vivió en un tiempo muy parecido al nuestro, un tiempo en que todo estaba saliendo mal. Vivió en una época en la que hubo una gran corrupción nacional y aflicción, en el que la nación y la tierra estaba llena de violencia, de odio y de estallidos de maldad. Su aflicción se ve reflejada en las primeras frases del libro (capítulo 1, versículos 1-4):

El oráculo de Dios que vio el profeta Habacuc. "¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré y no oirás? ¿Hasta cuándo daré voces a ti diciendo: ¡Violencia!, sin que tú libres? ¿Por qué me muestras la iniquidad y me haces ver la aflicción? He aquí que surgen pleitos y contiendas; la destrucción y la violencia están delante de mí. La ley pierde su poder, y el derecho no prevalece; porque el impío cerca al justo. Por eso sale torcida la justicia.

¿No suena eso como lo que está sucediendo actualmente? ¿Por qué, dice Habacuc tengo que clamar ¡violencia!, y no obtengo respuesta? He aquí el gran problema de la oración que no obtiene contestación. Tenemos aquí el caso de un hombre que está preocupado por su nación porque ve que todo sale mal. El pueblo vive sumido en la maldad; hay inquietud, violencia, injusticia y opresión por doquier. Cuando todo el asunto es traído ante las cortes, las cortes mismas están corruptas, por lo que Habacuc se siente profundamente preocupado.

El es un hombre de Dios y sabe que lo que hay que hacer con un problema es presentarlo a Dios y es lo que él ha estado haciendo. Ha estado orando acerca de su problema, pero no ha obtenido ninguna respuesta. De modo que su perplejo corazón clama confuso: "Señor, ¿durante cuánto tiempo tengo que seguir con esto, clamando a ti de este modo? No haces nada al respecto. He estado esperando un cambio, esperando para ver si se producía un avivamiento, esperando ver si pasaba algo, pero no sucede nada. ¿Cuánto tiempo he de continuar así?

¿Se ha sentido usted así alguna vez? Mire a su alrededor, a nuestra nación, y verá como todo se está viniendo abajo, y los antiguos fundamentos se están desmoronando, las gentes se apartan de la fe y se cuestionan conceptos que jamás se habían cuestionado con anterioridad. Las personas expresan sus dudas, hasta su sincera incredulidad, en círculos en los que nunca se había expresado la duda con anterioridad. ¿Ha estado usted orando por seres amados, esperando ver cómo Dios los transformaba y actuaba en sus vidas, pero no ha pasado nada? Ese es el problema de la oración que no obtiene respuesta. Es un problema muy importante y hace que el profeta se sienta perplejo.

Pero ahora Dios responde a Habacuc. Lo asombroso de esta profecía es que no se dirige al pueblo ni mucho menos, sino que es más bien un diálogo entre el hombre y Dios. Por eso es por lo que resulta tan actual. Cada uno de nosotros nos llamamos Habacuc y cada uno de nosotros nos enfrentamos de vez en cuando con este problema. Dios responde (en el versículo 5):

"Observad entre las naciones y mirad. Quedaos asombrados y atónitos, porque yo haré en vuestros días algo que aún si se nos contase, no lo creeríais."

En otras palabras, Dios dice: "Habacuc, he estado contestando a tus oraciones. Me acusas de guardar silencio, pero no he permanecido callado. Es solo que no sabes reconocer mi respuesta porque te he estado contestando, pero mi respuesta es tan diferente de lo que esperas que no eres capaz de reconocerla o creerla cuando te respondo. Pero Dios continua diciendo (versículo 6ff):

"He aquí que levanto a los caldeos, pueblo furioso e impetuoso que marcha por la anchura de la tierra, para tomar posesión de los lugares habitados que no le pertenecen. Será temible y terrible. De sí mismo derivará su derecho y su dignidad. Sus caballos serán más veloces que leopardos y más ágiles que lobos vespertinos. Sus jinetes se dispersarán haciendo cabriolas. Vendrán de lejos, volarán como águilas que se apresuran a devorar. Todo este pueblo vendrá para hacer violencia. Todos sus rostros se dirigen hacia adelante, y reunirán cautivos como arena. Se mofará de los reyes y hará burla de los príncipes. Se burlará de toda fortificación; levantará terraplenes y la tomará. Entonces su espíritu pasará y se acabará; devolverá a su dios esta su fuerza."

¿Le suena eso como alguien a quien usted conoce? Podría usted sustituirlos por los comunistas o, en la última generación, podría haber reemplazado a los caldeos por los nazis. He aquí la respuesta que da Dios al problema planteado por el profeta: Dios dice que está preparándose para levantar a la nación de los caldeos. Cuando escribió Habacuc, los caldeos no eran una nación importante. (Otro de los nombres de los caldeos es los babilonios.) Estos nombres se usan alternativamente en el Antiguo Testamento, pero cuando escribió el profeta, la gran nación que tenía asustadas al resto de las naciones y gobernada por un gran tirano del mundo de aquellos tiempos era la nación de los asirios. Su capital era Nínive, a la que se hace referencia en profecías anteriores.

Pero aquí tenemos a una pequeña nación que comienza a levantarse en la historia del mundo y Dios dice al profeta: "Yo estoy detrás de todo esto. Este pueblo es un pueblo muy extraño. Son amargos, hostiles, implacables y sanguinarios. Van a ser tan poderosos como lo han sido otras naciones de la tierra y van a arrasar a través de las tierras conquistándolo todo, y dará la impresión de que nada les puede detener. Este pueblo no tendrá ningún dios como figura central de sus vidas. Yo estoy tras el levantamiento de esta nación y esta es la respuesta a tus oraciones.

Eso resulta bastante asombroso, ¿verdad? Es evidente que Habacuc no sabía que pensar al respecto. Aquí se produce un momento de silencio y luego comienza a reflexionar. Si para comenzar creyó tener un problema, ahora sí que lo tiene. Se enfrenta con un problema de grandes dimensiones porque ¿cómo es posible que Dios resuelva el problema original creando un problema semejante a este?

Esto es lo que preocupa a tantas personas al enfrentarse con lo que está sucediendo hoy en el mundo. Lo que ha amenazado la fe de muchos ha sido el problema de la historia. ¿Por qué permite Dios que pasen las cosas tal y como suceden? ¿Cómo es posible que permita que tengan lugar cosas tan terribles en la historia humana? Hace poco tiempo vi los resultados de una encuesta que se había realizado a estudiantes que no eran cristianos y a las preguntas que se estaban haciendo en las universidades por todos los Estados Unidos. La primera de la lista era: "¿Cómo es posible que un Dios justo y amoroso permita que los hombres sufran? ¿Por qué iba Dios a crearnos para luego permitir que la enfermedad, el hambre y todas esas cosas terribles sucedan?

Existen actualmente muchas personas que se hacen esa pregunta y muchos cuya fe se está debilitando por causa de esto. Están diciendo: "¿Cómo puede ser esto? ¿En qué clase de universo vivimos? Como es lógico, hay otros que no tardan en responder diciendo: "La respuesta es que Dios no existe y no sirve de nada pensar que existe. Estamos viviendo en un universo que es como una máquina, con piezas tediosamente resonantes y nadie sabe realmente lo que hace que funcione. La casualidad hizo que todo encajase. Solamente nos engañamos a nosotros mismos cuando nos imaginamos una imagen paterna por el deseo que hay en nuestros corazones y le llamamos Dios.

El motivo por el que decimos esto es por la aparente inactividad de Dios. Esa es una de las cosas misteriosas de Dios ¿no es cierto? El poeta William Cowper dijo: "Dios se mueve de manera misteriosa para llevar a cabo sus maravillas. Y la manera de hacer Dios las cosas es un misterio para nosotros. Tenemos que reconocer que hay ocasiones en las que no acertamos a comprender cómo se mueve Dios. No parecen tener sentido y los instrumentos de los que se vale parecen tan fuera de lo normal. Dios no es nada ortodoxo. Siempre está haciendo las cosas de manera equivocada, escogiendo a las personas equivocadas y haciendo las cosas del modo más sorprendente. Una de las cosas que aprendemos acerca de Dios al vivir con él durante un tiempo es que siempre está haciendo lo inesperado y no es que lo haga así porque le encante hacer que nos sintamos confusos, sino porque su forma de obrar es infinita y nuestra mente humana no acierta a entenderla.

Ese fue precisamente el problema que afligió a Habacuc, que se sintió intrigado por este extraño silencio y luego, al enterarse de cómo se estaba moviendo Dios, tampoco pudo entenderlo, pero hace algo muy sensato y la próxima sección de este libro es un pasaje muy importante porque nos dice cómo enfrentarnos a esta clase de problema. ¿Qué es lo que hay que hacer cuando nos encontramos con una amenaza semejante para nuestra fe? Cuando vea usted lo que le de la impresión de ser una falta de acción por parte de Dios y luego a lo mejor se da usted cuenta de que Dios está actuando, de una manera que parece totalmente increíble, ¿qué hace usted? Una de las grandes necesidades de nuestra vida cristiana es entender el método que hemos de usar para enfrentarnos con problemas como éste y el método puede explicarse de un modo muy sencillo. Hay cuatro pasos muy simples y al seguir adelante verá usted cómo los sigue el profeta.

Lo primero que hay que hacer es detenerse a pensar, sin reaccionar emocionalmente ante el problema. No deje que el pánico se apodere de usted o que algún terrible miedo pueda más que usted. Párese y piense. De acuerdo ¿en qué debe usted pensar? En segundo lugar, recuerde las cosas básicas que sabe usted acerca de Dios y no intente resolver el problema de inmediato. Aléjese de él y comience con Dios. Vuelva a lo que sabe acerca de El y su carácter, tal y como le ha sido revelado a usted en la revelación y gracias a la experiencia que ha adquirido usted. A continuación, coja lo que sabe acerca del carácter de Dios y aplíquelo al problema. Ese es el tercer paso. Y finalmente, si no ha encontrado usted una respuesta, deje el resto en fe para que Dios lo resuelva y pídale que se lo muestre. Esa es la manera de hacerlo.

Fíjese cómo lo hace el profeta. Primero, comienza pensando acerca de Dios (versículo 12):

"¿Acaso no eres tú el principio, oh Jehová, Dios mío y Santo mío? ¡No moriremos!"

Habacuc se ha recordado a sí mismo algunas cosas de suma importancia al decir eso. "¿Acaso no eres tú el principio...? Lo primero en lo que piensa es que el Dios al que el conoce es un Dios eterno, que está por encima de la historia y es superior a cualquier lapso de tiempo de los acontecimiento. El crea la historia, él es desde el principio y se halla al final. Es anterior al principio y no tiene fin porque es el Dios de la eternidad. Eso es lo primero que el profeta se recuerda a sí mismo. Cuando aparezcan los caldeos confiarán en su propio poder como su dios. "Oh sí dice Habacuc, "pero mi Dios no es así. Mi Dios no es una de esas deidades tribales locales, sino que abarca toda la historia y gobierna estos acontecimientos, porque es un Dios eterno.

En segundo lugar, el profeta se recuerda a sí mismo que Dios existe por sí solo porque usa un nombre muy especial para Dios. Dice:

"¿Acaso no eres tú desde el principio, oh JEHOVA, Dios mío...?"

Cuando la palabra "Señor está todo escrito en mayúsculas, como lo está en este caso, es una traducción de la palabra hebrea Jehová que significa "Soy el que soy. El gran nombre que le reveló Dios a Moisés cuando estuvo en Egipto. En esa ocasión le dijo: "Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto...así dirás al faraón: YO SOY me ha enviado. (Exo. 3:14) ¿Sabe usted por qué Habacuc se recordó a sí mismo esto? Porque en su época había gente que iba por ahí diciendo que Dios estaba muerto y siempre hay personas así y no hay nada de nuevo en ello. Mientras el pueblo iba por ahí afirmando que Dios estaba muerto, Habacuc volvió a lo que había aprendido acerca de Dios, que existe por sí mismo y no puede morir. Es imposible que una persona que existe por sí misma muera y él es "Yo soy el que soy.

En tercer lugar, Habacuc se recuerda a sí mismo acerca de la santidad de Dios, el "Santo mío. ¿Qué significa la santidad? Me atrevería a decir que la mayoría de nosotros usamos esta palabra sin tener ni idea de lo que significa. ¿Quiere decir que es un especie de ser que induce temor y que debemos de andarnos con cuidado de no acercarnos a él porque es santo? No, santidad significa todo, integridad; es ser una persona completa. Significa esencialmente que Dios es consistente consigo mismo y es siempre lo que es. No es nunca ninguna otra cosa, no es nunca una falsificación. No pretende nunca ni nos engaña y eso es la santidad.

Esto es algo que se refleja en todas las Escrituras, el carácter inmutable de Dios. El autor de Hebreos dice: "Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra y los cielos son obra de tus manos...serán cambiados, pero tú eres el mismo y tus años no se acabarán. (Heb. 1:10-12) Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. En él no hay sombra de duda, ni de cambio.

Después de que el profeta se recuerda esto a sí mismo, añade de inmediato estas palabras: "No moriremos. ¿Qué quiere decir? Está pensando que Dios ha hecho un pacto con Abraham. Dios le prometió a Abraham que levantaría una nación que sería su pueblo para siempre y que no permitiría nunca que fuesen eliminados de la tierra. El profeta se está recordando a sí mismo esto, frente a la terrible amenaza con la que se enfrentaban. Los caldeos iban a venir e iban a asolar la tierra. Tendría que contemplar a su amada Jerusalén arrebatada y capturada y ver cómo su pueblo era llevado en cautiverio, pero existe el recordatorio de que Dios no iba a permitir que sucediese lo peor. No morirían y no serían eliminados y la fidelidad de Dios permanecería para siempre, de modo inmutable.

Así que el profeta llega a la conclusión que resuelve al menos la primera parte de este problema. Dice (en el versículo 12):

"Oh Jehová, para juicio pusiste a los caldeos; tú, oh Roca, los has establecido para castigar. "Ahora entiendo por qué has levantado a los caldeos; es tú manera de despertar a mi pueblo de su insensatez, de su terrible estupidez al apartarse de ti. Creen que pueden vivir sin ti, a pesar de las muchas veces que les has enviado a los profetas, suplicándoles, pidiéndoles y recordándoles tu palabra? Has derramado bendición tras bendición sobre ellos, a pesar de lo cual siguen en su insensata locura, dándolo todo por sentado, pensando que pueden seguir viviendo sin ti. Ahora entiendo lo que estás haciendo. Estás levantando a un pueblo a fin de conmocionarles para que sean conscientes de la realidad, para despertarles y castigarles. Ahora lo entiendo."

¿Hay alguna duda de que Dios hace esto en la historia? No hay duda alguna de que ese es el motivo por el que se les permitió a los nazis hacerse tan rápidamente con el poder, para asolar Europa y para ser de repente derribados una vez más. Fue para despertar al mundo occidental, a fin de que fuese consciente de su codicia, su avaricia, su maldad y el hecho de haberse apartado de lo relacionado con la verdad y Dios, que les está diciendo algo a través de esto, haciendo que las naciones se estremeciesen, que es la manera habitual de actuar Dios a lo largo de la historia.

A continuación el profeta dice: "Veo que ahora tengo otro problema. Y continua en el versículo 13 diciendo:

"Eres demasiado limpio como para mirar el mal; tú no puedes mirar el agravio. ¿Por qué, pues, contemplas a los traidores y callas cuando el impío destruye al más justo que él?"

Después Habacuc describe la maldad de los caldeos. "Ahora dice, "me doy cuenta de cómo estás levantando a esta nación para perdonar a este pueblo, pero esto es algo que no entiendo. A pesar de la maldad de mi propio pueblo, no son tan malvados como los caldeos. ¿Cómo es posible que uses a un pueblo malvado, impío, implacable como éste para castigar a tu propio pueblo? Esto es algo que no acierto a entender. ¿Ha oído usted decir eso alguna vez? ¿Ha oído decir a alguien: "es cierto que los Estados Unidos tiene problemas, y posiblemente sea un pueblo malvado, pero no somos tan malvados como los comunistas (o los nazis o quienquiera que sea nuestro enemigo en esos momentos). Dios no va a permitir que este pueblo se apodere de ellos porque, después de todo, son mucho peor de lo que somos nosotros.

Así que el profeta dice: "No entiendo esto. Y como no sabe lo que hacer, sigue al cuarto paso y deja que Dios se ocupe del problema. Eso es algo muy sabio que hacer porque nuestra mente humana no capta todo lo intrincado de la historia y son muchísimas las cosas que no entendemos. Por lo que al llegar a este punto son muchas las personas que dicen: "debe ser que Dios no existe o "Dios no es como dice la Biblia que es o "no puedo creer en esto. Si Dios no me explica lo que piensa hacer, ya no puedo seguir creyendo en él.

Pero el profeta dice: "La verdad es que no lo entiendo, pero tú eres más poderoso que yo, así que esperaré a que tú me lo reveles. Fíjese cómo empieza el capítulo 2:

"En mi guardia estaré de pie y sobre la fortaleza estaré firme. Vigilaré para ver qué dirá y qué tiene que responder a mi queja."

Ese es un modo de actuar muy sensato. Para empezar, Habacuc está diciendo que se va a alejar del problema durante un tiempo. "Voy a dejar el asunto en manos de Dios y esperaré a que sea él quien de el próximo paso. Yo he llegado hasta donde podía ir. He razonado basándome en el carácter de Dios. Se que sus ojos son demasiado puros como para contemplar el mal, no le gusta el mal y no tiene complicidad con él. Eso lo se. Pero a pesar de ello está levantando a este pueblo malvado. No lo entiendo, pero dejaré que Dios me lo explique y esperaré su respuesta.

¿Puede usted hacer esto? Cuando le presenta usted un problema a Dios y se lo explica todo a él en oración, ¿se levanta usted y sigue preocupándose por el problema otra vez? (¿Cómo se va a resolver esto? ¿Qué debo hace a continuación?) Eso es lo que nos derrota con frecuencia, pero el profeta lo deja ahí, diciendo: "de ti depende. El versículo 2 dice:

"Entonces Jehová me respondió diciendo: --Escribe la visión y grábala claramente en tablas para que corra el que las lea."

En otras palabras "Habacuc, te voy a dar la respuesta. Ahora quiero que lo pongas por escrito con toda claridad para que todo aquel que lo lea pueda transmitir de inmediato la respuesta y hacer que llegue por toda la tierra. Entonces Dios añade estas significativas palabras (versículo 3):

"Aunque por un tiempo la visión tarde en cumplirse, al fin ella hablará y no defraudará. Aunque tarde, espéralo; pues sin duda vendrá y no tardará."

Dios está diciendo: "Habacuc, esto es algo que no va a suceder de inmediato. Pasará algún tiempo, pero sucederá. Ese es el carácter de la revelación de Dios. Para empezar él dice que va a suceder un acontecimiento y luego dice: "no te preocupes de lo que pase entre tanto. Aunque te de la impresión de que todo esta saliendo mal, lo que te he dicho que va a pasar pasará y si te da la impresión de que se demora, espéralo porque sucederá.

Luego Dios afirma un principio que se cita en tres ocasiones en el Nuevo Testamento y que es la base de los grandes movimientos que ha producido Dios entre los seres humanos. Dice estas palabras (4):

"He aquí, aquel cuya alma no es recta dentro de sí está envanecido, pero el justo por su fe vivirá."

Estas palabras se citan en el Nuevo Testamento en Romanos, en Gálatas y en Hebreos y fueron precisamente estas palabras las que encendieron un fuego en el corazón de Martin Lutero. "El justo por la fe vivirá. No por las circunstancias, ni por los comentarios ni por los razonamientos, sino por la fe en lo que dijo Dios que sucedería.

Mediante estas palabras se le muestra al profeta que solo hay dos perspectivas posibles acerca de la vida. Solamente podemos enfrentarnos con la vida mediante dos clases diferentes de actitudes. O bien la afrontamos por medio de la fe, dependiendo de Dios, o la enfrentamos con una actitud de incredulidad, dependiendo de nuestra propia habilidad para razonar todas las cosas. Estas son las dos actitudes fundamentales y son las únicas dos actitudes posibles. Solamente se puede adoptar la una o la otra. Si mira usted a su alrededor se dará cuenta de que cada uno de los seres humanos sobre la faz de la tierra encaja en una de estas dos categorías. O bien confían en la sabiduría de la mente humana para estudiar los acontecimientos y hallar las soluciones, e intentan analizar los escritos de hombres sabios y llegar a conclusiones respecto a los acontecimientos humanos, basándose en estas fuentes de información, o toman lo que ha dicho Dios y creen que cuando El ha dicho que va a suceder algo, sucederá y que toda la historia converge y depende de esta promesa.

Esa es la diferencia entre el hombre de fe y el hombre que vive dependiendo de su razón. Una de las cosas más lamentables con las que me encuentro es la cantidad de cristianos que se están dejando atrapar por la idea de vivir conforme a la razón y por la inteligencia de los procesos racionales humanos, en el nombre del Cristianismo. Hay muchos que dicen que la labor de la iglesia es organizar a la gente que está en desventaja para que de alguna manera pueda ejercer una influencia y un poder político, a fin de presionar a los dirigentes de la nación para que corrijan los abusos que se cometen y que eso es lo cristiano y lo que se debe de hacer. Ahora bien, yo no estoy sugiriendo que esté mal ayudar a las personas que estén necesitadas. Eso es perfectamente correcto y debemos de hacerlo guiados por Dios. Pero los procesos de depender de bloques de presión y de piquetes y otras cosas no es ni remotamente cristiano. Eso no es ni mucho menos lo que nos dice la Palabra de Dios que hagamos. En contraste, eche un vistazo a los relatos de los hombres y las mujeres que se mencionan en el capítulo once de Hebreos. ¿De qué manera cambiaron el mundo de su época? Nos dice que soportaron como viendo al que era invisible, sin esperar que el hombre hiciese nada. Estaban esperando que Dios obrase y así lo hizo siempre. Al obrar Dios, las cosas empezaron a cambiar y la historia de esa clase de obra es la asombrosa historia del éxito de hombres y mujeres que fueron capaces de cerrarle la boca a los leones, subyugaron reinos, derrocaron tronos, ganaron imperios y cambiaron el curso de la historia por medio de la fe, no contando con lo que pudiera hacer el hombre, sino Dios.

A lo largo del resto del capítulo hay un interesante análisis de los caldeos y lo que Dios planeaba hacer con ellos. Para resumir, Dios le dice al profeta: "mira Habacuc, no te preocupes por los caldeos. Es verdad que mis ojos son tan puros que no quiero contemplar el mal y también es cierto que estoy levantando a este pueblo con el propósito de juzgar a la nación de Israel, pero también en su momento juzgaré a los caldeos y aquello en lo que ellos confían se convertirá precisamente en su ruina. Sus propios dioses les derrotarán. Y pronuncia cinco calamidades (versículo 6):

"¡Ay del que multiplica lo que no es suyo! [Ay del hombre que vive siguiendo la filosofía: "Conseguiré todo lo que pueda y poco importa cómo lo consiga."]

"¡Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, poniendo en alto su nido para escaparse de mano de la calamidad! [Ay de aquel que dedica todos sus esfuerzos a sentirse seguro y a salvo cuando llegue a viejo. Dios dice que se encontrará con que los fundamentos sobre los que se ha apoyado le serán arrebatados y todo aquello en lo que ha invertido le será quitado.] ¡Ay del que edifica la ciudad con sangre y del que establece la aldea con iniquidad! [Ay de aquellos que confían en la violencia para obtener lo que quieren.] ¡Ay del que da de beber a su compañero del cáliz de su ira y lo embriaga para mirar su desnudez! [Ay del hombre que crea temor en los que le rodean con el fin de gobernarles y de aprovecharse de ellos.]

Versículo 19:

"Ay del que dice al palo: ¡Despiértate!...,"

[Ay del hombre que confía en un falso dios, que cree que las fuerzas que le rodean pueden controlarle, darle vida y cumplir sus deseos.]

Finalmente, en el capítulo 3 el profeta concluye con una oración extraordinaria. Aquí ha encontrado su respuesta. Dios es el Dios de su historia, se está moviendo y lo tiene todo bajo control. Lo que tenemos que recordar es que estas fuerzas y los problemas creados por ellos no se resuelven intentando afrontar solo el problema inmediato porque eso es como tomar aspirina para curar el cáncer, algo que no funcionará nunca. No, estos problemas solo se solucionarán mediante la relación del hombre con Dios. Habacuc dice (en el versículo 20):

"Pero Jehová está en su santo templo: ¡Calle delante de él toda la tierra!"

Luego comienza su poderosa oración (capítulo 3, versículo 2):

"Oh Jehová, he oído tu fama; he considerado tu obra, oh Jehová. ¡Avivala en medio de los tiempos hazla conocer! En medio de la ira, acuérdate de tener misericordia."

Habacuc comenzó este libro diciendo: "Señor, ¿por qué no haces algo? Y ahora dice: "Señor, ve con cuidado, no hagas demasiado. En tu ira no olvides la misericordia. Señor veo que estás obrando, pero recuerda en medio de ello que sigues siendo un Dios de misericordia. Eso es todo lo que tiene que decir. No hay más filosofía, ni teología, ni más argumentar con Dios.

Esta oración es uno de los pasajes más asombrosamente hermosos y poéticos en todas las Escrituras. Léalo y vea qué lo que hace el profeta es, ni más ni menos, que volver al pasado y recordar lo que Dios ha hecho en el pasado y eso es lo que convence a Habacuc de que puede confiar en él. Se basa en los acontecimientos que ya han sucedido, en aquellos sucesos que no se pueden cuestionar, ni eliminar ni conmover en modo alguno; el hecho importante de que Dios ya ha actuado en la historia humana y de eso depende la fe. No vivimos guiados por una fe ciega, sino que vivimos con un Dios que ha actuado en el tiempo y en el espacio, que ha hecho algo, que ha dejado indeleblemente grabada su voluntad en el progreso de los acontecimientos humanos. El profeta piensa en lo que hizo Dios en el pasado en Egipto, cuando Israel se encontró en problemas y recuerda de qué modo actuó Dios (versículos 3, 4):

"Dios viene desde Temán; y el Santo, de los montes de Parán. Su esplendor cubre los cielos. Tiene un resplandor como de luz; rayos brillantes salen de sus manos y allí se oculta su poderío."

¿Recuerda usted de qué modo ocultó su poder al faraón y luego lo mostró mediante actos repentinos de su milagrosa intervención? El profeta dice (versículos 5, 6):

"La mortandad va delante de él y de sus pies salen llamaradas. Se detiene y hace temblar la tierra; mira y estremece a las naciones. Se desmoronan los montes sempiternos; las antiguas colinas se postran ante él. ¡Sus caminos son eternos!"

Recuerda cómo se vio afligido el pueblo de Israel en el desierto y como temblaron en medio de Madian. Luego piensa en cuando cruzaron el Mar Rojo y de qué modo Dios les abrió camino en medio de las aguas y se acuerda de cómo el Río Jordán se abrió y pudieron llegar a tierra firme (versículo 10):

"...el abismo dio su voz; levanto en alto sus manos. Habacuc recuerda cómo a petición de Josué" (versículo 11):

"El sol y la luna se detuvieron en su cenit... Esta es la clase de Dios que tenemos. El Dios que, de hecho, interviene en la historia humana para realizar acontecimientos que nadie puede duplicar. Al pensar el profeta en todo ello, su mente medita en la grandeza de Dios y así es como concluye (versículo 16):

"Oí y se me estremecieron mis entrañas. Ante esa voz titubearon mis labios; penetró podredumbre en mis huesos, y se estremecieron mis piernas. Gimo por el día de la angustia, cuando suba contra el pueblo."

Ve el problema y sabe que viene. Lo temible del problema se apodera de él y siente la presión, pero no es eso todo, sino que añade (versículos 17-19):

"Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, aunque falle el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque se acaben las ovejas del redil y no haya vacas en los establos; con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación. ¡Jehová, el Señor, es mi fortaleza! El hará mis pies como de venados y me hará andar sobre las alturas."

¿Ha descubierto usted eso? Que a pesar de que permanezcan los problemas y la presión siga estando ahí, se puede producir un fortalecimiento del hombre interior que hace que el corazón se regocije y se sienta alegre en medio de las dificultades y eso fue lo que descubrió Habacuc. "El Señor mismo dice, "es mi fortaleza. Y esa es la verdad del Nuevo Testamento. Esa es una manera desesperada de intentar deshacerse del problema, pero Dios ha ordenado que continúen los problemas. "En el mundo tendréis aflicción dijo Jesús, "pero ¡tened valor, yo he vencido al mundo! (Juan 16:33) Hay un titulo de un libro que me encanta y que fue escrito por el Dr. Edman, anterior presidente de la Facultad Wheaton. Resume, de manera gloriosa, cuál debiera ser la actitud del cristiano en los tiempos difíciles. ¿Sabe usted cuál es? "Not Somehow, but Triumphantly. (No de algún modo, sino triunfantemente.) No superándolo de alguna manera, sino de modo triunfante.

"Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, aunque falle el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque se acaben las ovejas del redil y no haya vacas en los establos; con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación. ¡Jehová, el Señor, es mi fortaleza!".
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