Abraham

domingo, 24 de enero de 2010

(Del hebreo Abra-ham padre de una multitud; pero pronunciado ABRAM, quiere decir padre excelso):

Patriarca hebreo, hijo de Terah, descendiente de Sem, considerado como padre de los judíos y árabes y depositario de las promesas divinas en favor del pueblo escogido.

Nació en Ur, Caldea, unos 2266 anos antes de J.C.: después de haberse establecido en Haran con su esposa Sara, se trasladó a Siquem, a donde le mandó ir Dios, prometiéndole que sería padre de un gran pueblo. La época de este viaje es llamada por los cronólogos la vocación de Abraham. El hambre le obligó a marchar a Egipto, donde Dios se le apareció, e hizo alianza con él, mandándole que en señal de ella se circuncidase con toda su familia. Tuvo un hijo, llamado Ismael, de su esclava Agar; y su esposa Sara, que había sido estéril hasta los 92 años, le dio otro a quien puso por nombre Isaac.

Queriendo Dios probar su fe, le mandó sacrificar a este hijo; pero un ángel le detuvo el brazo en el momento en que iba a herirle y presentó un cordero blanco en lugar de la víctima que iba a inmolar. Después de la muerte de Sara; a los 127 años de edad, Abraham se casó con Keturah, de la cual tuvo otros seis hijos, y murió de edad de 175 años.

Los árabes, lo mismo que los judíos, ven en el patriarca Abraham al fundador de su raza.

De Ismael, hijo, como se ha dicho, de la sierva Agar cuyas interesantes y conmovedoras aventuras en el desierto refieren los libros del antiguo Testamento, arranca el origen y el nombre mismo de las naciones ismaelitas.

Uno y otro pueblo llevan el sello de su común origen, que es la ceremonia de la circuncisión. Si las iglesias griega y romana han colocado el nombre de Abraham entre sus más veneradas tradiciones, el Corán habla de este patriarca también con gran consideración y profundo respeto.

Varios escritores mahometanos sostienen que Abraham había hecho el viaje a la Meca en una de sus peregrinaciones, y aún afirman que él mismo había comenzado la construcción de una mezquita o lugar sagrado en esta ciudad para ellos santa.

En la historia de Abraham, como acontece de ordinario en los hechos que la tradición y la poesía toman por suyos para embellecerlos o sublimarlos, la ficción se halla mezclada y confundida con la realidad y es muy difícil en algunas ocasiones discernir con exactitud dónde termina lo acaecido y dónde comienza lo imaginado por la fantasía. Las narraciones de los rabinos han presentado esta historia más maravillosa todavía.

El historiador Flavio Josepho dio ejemplo de ello que ha producido después sus naturales frutos. Pretendió hacer del patriarca Abraham un sabio tan prodigioso, que nacido y educado en medio de idólatras, llegó por la reflexión y la contemplación de las maravillas de la naturaleza a la idea de la existencia de un solo Dios, único ser creador digno de nuestra adoración.

Por otra parte los teólogos protestantes aseguran y han sostenido siempre que el principio monoteísta en el pueblo judío no se remonta más allá de Moisés, de cuyas legislaciones, religiosa, política y civil arranca el reconocimiento de un solo y único Dios.

Algunos rabinos modernos han pretendido atribuir a Abraham el libro Jézira, o de la creación; pero otros, a nuestro juicio con más fundamento, han revindicado la paternidad de su libro para el famoso Akiba.

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